Segundo Domingo del tiempo de Adviento. Ciclo A.

Segundo Domingo del Tiempo de Adviento

Ciclo “A”

Isaías 11, 1 – 10         Aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé.

Salmo 71                    Ven, Señor, rey de justicia y  de paz.

Romanos 15, 4 – 9    Cristo se puso al servicio del pueblo judío para demostrar la fidelidad de Dios

Mateo 3, 1 – 12          El que viene después de mí, es más fuerte que yo. Él los bautizará en el Espíritu Santo.

 

La espera del Mesías Rey se hace más patente en la predicación del profeta Isaías. La restauración que se espera ya no se limita a una restauración terrena, es decir, volver a lo de antes, se trata de una restauración escatológica. Una restauración plena. Cuando el pueblo está esperando un Mesías-Rey está en el exilio. Lejos de su tierra, lejos del Templo y sin Rey. Es una situación bien difícil. Sin embargo, el profeta anuncia esperanza. Anuncia el día de Yahvé, un renuevo saldrá del tronco de Jesé, es decir, de la familia de David. Sobre este mesías estará el Espíritu del Señor, que es espíritu de sabiduría e inteligencia, de consejo y fortaleza, de piedad y temor de Dios. Será un rey que juzgue con justicia y defenderá al desamparado y al pobre.

Estas cualidades son las que el pueblo ha descubierto en Dios. Que hace opción por su pueblo pobre y perseguido, por su pueblo que ha padecido la esclavitud y el destierro. Por eso, cuando todo parece ir mal, la única salida ya no es simplemente la llegada de un rey, sino de uno ungido, es decir, de uno que recoja las cualidades de Rey, de Profeta y de Sacerdote. Todos estos personajes eran ungidos, es decir, eran cristos. Pero es hasta la época de Juan el Bautista que llegará el verdadero Ungido, el verdadero Cristo, el verdadero Mesías, el Redentor, el Hijo de Dios.

Juan anunciaba la llegada del Reino, decía “Arrepiéntanse, el Reino de los cielos, está cerca”. Al decir “de los Cielos” quiere decir “de Dios”, pues los judíos no mencionaban el nombre de Dios, por eso usan “de los Cielos”. Dicho de otro modo, es Dios mismo que viene a reinar. Su reino está muy cerca.

La llegada del Mesías, o el día de Yahvé, puede tener dos sentido. Uno de juicio y condena, otro de restauración y vida nueva. Por eso el llamado de atención fuerte que se hace contra los fariseos y saduceos, que eran la clase religiosa de ese tiempo. No basta con decir “Señor, Señor”. Hay que mostrar con las obras el arrepentimiento. Vendrá el Señor, y nosotros decimos en el Credo, a “juzgar a vivos y muertos”.

¿Cómo nos preparamos para la segunda y definitiva venida de Jesucristo, Rey del Universo? ¿Cómo nos preparamos para el juicio final en el que seremos juzgados en el amor, como dice san Juan de la Cruz? ¿Cómo salimos al encuentro de Jesús que viene en los más necesitados, en los enfermos, en los hambrientos y sedientos?

 La palabra que leemos en la Biblia ha sido escrita para instrucción nuestra, para que mantengamos la esperanza, pues Dios es fiel a sus promesas. Pablo, además, en la segunda lectura nos invita a vivir en armonía, conforme al espíritu de Cristo Jesús. Nos invita a acogernos como Cristo nos ha acogido a nosotros. Recuerda que el pueblo judío esperaba un mesías, y ese mesías es Jesús, el Cristo. Jesús vino a servir al pueblo judío  para demostrar la fidelidad de Dios.

El Señor viene, y viene a salvar a todas las naciones. Las promesas de Dios no se limitan al pueblo judío, la misión de Jesús no se queda solo en el pueblo judío, sino que es una misión Universal, abierta a todos los pueblos y abierta a todas las creaturas. Porque todo cuanto existe fue creado por medio de Cristo, y todo adquiere sentido en él.

El Señor viene, y al igual que Juan el Bautista, nos toca a nosotros ir a preparar el camino del Señor, anunciar a los demás que la salvación está cerca para los que la buscan, que el Reino de los cielos ya está en medio de nosotros. Pero para eso, debemos tener las actitudes correspondientes, es decir, con obras de verdadero arrepentimiento, con obras de amor y misericordia. No para alcanzar el cielo, como si fuera un premio, sino por agradecimiento por las muchas cosas que el Señor ha hecho por nosotros.

Gloria el Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Reflexiones y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s