Especulación vs Realidad. Una historia sin fin en San Salvador…

¿Se puede describir hoy el círculo vicioso entre el pecado personal, su potenciación por las “estructuras” y su repercusión al individuo?

En una sociedad en la que no se forma en valores (de los de verdad), sino más bien en antivalores, es fácil confundir las acciones. Es decir, hacer ver lo bueno como malo, o locura, y  lo malo como bueno, de modo que se vuelve el parámetro de conducta aceptado por la mayoría.

Tratemos de seguir un ejemplo sencillo:

Estamos en una cultura de la competencia y el reconocimiento. Se busca el prestigio cueste lo que cueste. En este contexto encontramos que hay una “tradición” de enviar los niños y adolescentes a la escuela. La vida fácil, sin sacrificios y con muchos beneficios es el anhelo de cualquiera. Pues bien, ¿para qué estudiar? ¿Qué sentido tiene ir a la escuela y esforzarse por sacar 10, o al menos “aprender algo”? ¿Qué sentido tiene la disciplina, el buen vestir, la superación personal?

Pareciera que la pereza y la desidia de un adolescente es simplemente un capricho de la “rebeldía sin causa” de la edad. Pero no, no es simplemente una rebeldía. Es un modo aprendido de supervivencia. Lo vez por la calle con un solo cuaderno en la mano, con la camisa por fuera, saludando a los mareros de la esquina. Entra al instituto, sube a la segunda planta y no entra al salón, viendo hacia la calle, saca su teléfono y simplemente pasa ahí el tiempo para avisar a sus “amigos” cuando se acerca algún auto desconocido o simplemente, para avisar que vienen los policías. Su mamá lo sabe, su papá en USA lo sabe, sus profesores lo saben, el director lo sabe. Pero qué vamos a hacer. Quien quiera hacer algo para que este joven entre a clases, lleve una mochila con todos los cuadernos y libros necesarios, ponga atención y se prepare a conciencia para luego inscribirse en la Universidad y coronar sus estudios con una Licenciatura en Humanidades para servir a su patria… quien quiera meter estas estúpidas ideas a este joven simplemente está poniendo en riesgo su vida.

Esto lo sabe el gobierno y lo sabe la empresa privada (las compañías telefónicas lo saben). Pero nadie hace nada. Un día por distracción no vio que venía la patrulla, no avisó a los amigos y por “irresponsable” lo matan. No pasa nada. Cierran la calle por unas horas, viene Medicina Legal lo levantan. Pero antes de que todo esto suceda se acercan tres o cuatro funerarias para identificar a la familia (que se convertirá en su próximo cliente). Les venden ataúd, con arreglos florales, con cruz o sin cruz (por si no son católicos). La madre llora y acepta la mejor oferta, después de hablar con su otro hijo que se fue de mojado a la Yunai (United).

¿Qué opciones tenía este joven?

En un sistema de violencia el modo de sobrevivir y “estar bien” es el anonimato o la violencia. Por lo general nadie quiere ser anónimo. No le dábamos muchas opciones. La irresponsabilidad de los padres está condicionada por un sistema económico que los obliga a trabajar 12 horas al día, para tener algo que comer. No hay tiempo de calidad en el hogar. Las narco novelas en la tele, los narco corridos en la radio (o reguetón, y no sé qué es peor), el armamentismo, el desprecio a las autoridades policiales porque agreden a los “cheros”. Los políticos visitan las colonias para pedir votos y condenarlos al abandono. En Escalón se reúnen Muyshondt (le dicen Meison) y los Jefes de las Maras, ANEP acuerda aumentar en $0.20 dólares el salario mínimo diario. Las ofertas siguen en EPA, Vidrí y en Office Depot. El Grupo Q tiene nueva flotilla de Hilux… parece que todo sigue igual en el Otro San Salvador.

Nuestro amigo pudo oponerse a ser amigo de los mareros, estudiar y sacar una carrera técnica para ser un operario de una Maquila en Ilopango. Pasar 12 horas trabajando con un salario que apenas le ajuste para comer, y pagar su plan de navegación (todo incluido), para luego juntarse con la muchacha que conoció en el trabajo, tener hijos y dejarlos a cargo de su mamá (la Abuelita), pues pronto se marcharía a los Estados para ganar más y darles un mejor futuro a sus hijos.

Mientras tanto, los ricos son más ricos. Se incomodan con el gobierno que les pone impuestos para que apoyen a la Seguridad (matar mareros), y como no quieren pagar le pasan ese impuesto al consumidor final.

Y así de fácil se nos caemos en la cuenta de las  dos posibilidades para el joven del cuaderno en la mano: estudiar mediocremente o no estudiar. Pero todavía es posible que el joven decida estudiar (y bien), de modo que obtenga una beca para estudiar en la UCA, luego, porque es buen estudiante va de intercambio a los Estados y se gradúa con honores en Harvard. Cuando regresa se convierte en político y lanza para ser presidente. Gana y aprovecha esta gran oportunidad para desviar fondos y hacerse rico, beneficiar a sus antiguos beneficiarios, dejando en el olvido aquellos polvorientos barrancos de Soyapango de donde salió para nunca más volver. Es más, después de un Terremoto, desviará fondos para una campaña política (cosa que no es moral, pero es legal). Él lo sabe, el pueblo lo sabe, ARENA lo sabe, ANEP lo sabe, el Gobierno lo sabe, pero nadie puede hacer nada, porque ya nuestro joven está muerto… Pero las semillas quedan…

Estamos tan acostumbrados al mal que es “tonto” el político que no roba y “más tonto” el que desaprovechando cualquier oportunidad de obtener cualquier beneficio no lo haga.

Estemos tan acostumbrados a la violencia que ya no nos inmutamos por la sangre que corre por las calles, y pegamos el grito al cielo por una “publicidad” que “ofende” a los ladrones de cuello blanco.

Buscaremos esperanzas en las desesperanzas, luz en las tinieblas y humanidad en las calles… Todavía es posible.

Rompe el ciclo…

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