Media vuelta y un paso atrás

De gota en gota se hacen los agujeros en las rocas. Los ataques mediáticos y económicos, sumados a las acciones poco pensadas y con posibilidad real de corrupción, tienen a los gobiernos de “izquierda” al borde del colapso: América latina y el pendulazo.

Pero eso es lo de menos. Pues todos los gobiernos de izquierda que hoy conocemos vienen desde muy atrás y desde muy abajo. Vienen de ser guerrilleros, sindicalistas, obreros, opositores, perseguidos, encarcelados, torturados, etc. Es decir, dejar el gobierno simplemente los devuelve a la condición anterior: ser oposición, a la par del pueblo.

En mi corta existencia, he visto el ascenso de estos izquierdistas (Hugo, Lula, Evo, Néstor…) y parece que voy a ver el descenso. Ellos han sido acusados de antidemocráticos, pero llegaron al poder vía “elecciones”. Y ganaron más de una vez (ellos, o su partido). Ninguno fue por “golpe de estado, ni blando, ni duroblandito” (El de Chávez del 92 no cuenta, porque no se logró).

Por otro lado, los opositores derechistas, o derechosos, más de una vez han hablado de “derrocar”, quitar, botar, sacar al “dictador”, de “revocatorio” para “EVITAR EL GOLPE DE ESTADO”. Son los democráticos haciendo cosas antidemocráticas. Basta con ver las campañas mediáticas en Brasil, Venezuela, Ecuador, para darnos cuenta que la democracia no es más que un mito.

Que  la izquierda pierda los gobiernos no me asusta. Ni me preocupa, quizá les ayude a mejorar todos los errores que han cometido en estos años de gobierno.

Lo qué sí es alarmante, es que estos cambios  y decisiones son dadas desde “Guáchinton”  con el visto bueno de la Derecha Latinoamericana. De aquí que  todos los logros alcanzados en esta oleada socialista en el siglo XXI quedarán en puros recuerdos. Aquí, quien siempre pierde y perderá más es el mismo pueblo. No puedo defender a estos gobiernos, pues no son perfectos y han cometido sus yerros, pero de que se generaron muchos cambios buenos, eso es un hecho. Estos cambios no se dan en favor del pueblo, se da porque la minoría opulenta y oligárquica ya se siente incómoda con tantos beneficios para “los pobres”. Solo oír sus reclamos da risa: “su bienestar, sus derechos, sus lujos, su dólar americano…”, en ningún momento hablan de los desposeídos, los empobrecidos, los marginados. Solo son ellos, su confort y quitar al gobierno malo.

Son tres cosas que me gustaría que quedaran más o menos claras, o por lo menos, con las que yo me quedo de esta época de cambios.

  1. Los gobiernos de izquierda entraron por la vía democrática. Por lo menos en el siglo XXI. Ganaron las elecciones de sus países, y han respetados los reveces electorales.
  2. Lograron invertir en mejorar la condición de vida de los más pobres: en sus países como en los más pobres de América Latina: Haití, Bolivia, Nicaragua, Honduras. No lo cambiaron todo, pero algo hicieron.
  3. Se logró el acercamiento continental y fraterno en América Latina. Un bloque en unidad y solidaridad. Sin invadir países, sin declarar guerras, sin buscar armas de destrucción masiva. Simplemente con buena voluntad y convivencia fraterna. Buscando el bien común.

Algunos errores que logro ver desde mi abismal ignorancia

Un país “socialista” en donde impera el “Capitalismo”. El socialismo es sobre todo un sistema económico que no puede competir contra el capitalismo, con dinero capitalista, reglas capitalistas, ideas neoliberales en el Hemisferio Occidental dominado por tío Sam.

La “corrupción” es un mal del que no se está exento. Si en verdad cayeron en esto, están traicionando sus propios ideales. La corrupción no es un modo de gobernar, es más bien el cáncer de cualquier acción política que tenga como prioridad el bien común.

La “absolutización” de los liderazgos (que quizá sea el modo en que los latinos nos sentimos mejor gobernados).  Sin embargo, el hacer depender de una sola persona el proyecto de una nación es nocivo para los ideales de representatividad y participación ciudadana.

Por otro lado, no puedo menos que indignarme por la forma en que los “democráticos” quieren hacerse del poder. En cada país tienen sus propias artimañas, desde ir a arrodillarse ante las “maras” (Muyshondt), unirse con aquellos a los que criticaron, promover el hambre y el malestar social, desinformar a la gente… Lo que denota esta actitud, simplemente no es democracia, es una avidez de poder a cualquier costo. El perdedor siempre ha sido y será el pueblo. No les interesa la democracia, sino la Aristocracia y la Oligarquía.

Propongo un brindis: 
Por el tiempo que nos permitieron soñar, 
por el tiempo que se acerca de incertidumbre y confusión,  
por la herencia que pronto se olvidará 
y por los bienes públicos que se van a privatizar. 

Porque ahora los ricos de siempre volverán al poder, 
y los pobres de siempre ahora sí, no tendrán que comer. 
Adiós a la solidaridad, a la soberanía, a la Patria Grande. 

Que entren los fratricidas, los vende patrias, los dueños del capital. 
Vengan a gobernar sobre las ruinas de su propio afán, 
que mientras haya pobreza, injusticia y desigualdad, 
la lucha sigue hasta alcanzar la justicia,
y con ella la paz.

 

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