Amarga cosecha del siglo XX

De un tiempo para acá, después del 9/11 y los años de guerra contra el Terrorismo, nos damos cuenta de que la violencia, la muerte son el lenguaje más común y globalizado en el siglo XXI.

Si bien los conflictos terribles se viven en Medio Oriente, en Latinoamérica no cesan las muertes violentas. Fuera del conflicto armado que vive Colombia y sus largos diálogos de Paz, en América Latina hay tanta muerte como tanta injusticia se ha acumulado en las últimas décadas. Pueblos en “paz” que son los más violentos del mundo.

Pasó el siglo XXI, pero sus frutos apenas se van conociendo.

Las polarizaciones entre derechas e izquierdas parecen no tener fin. Tanto así, que un triufo electoral o un triunfo político equivale a la aniquilación del oponente o su esperado, deseado y promovido fracaso. No son solo contendientes, son enemigos. La trágica siembra del siblo XX fue la segunda guerra mundial. Que se vivió fundamentalemente en Europa y culminó en cierto modo en Japón. Pero los dueños del mundo se disputaron América Latina a cualquier costo. Entramos en la Guerra fría y la sangre corrió de Norte a Sur en el continente americano.

Los excesos del capitalismo condujeron al Neoliberalismo, que trajo consigo más injusticias y con ello los sueños revolucionarios de “derrocar” a los Dictadores militares que oprimieron al los pueblos con la venia de Los Estados Unidos de América. En centroamérica se combatía el “comunismo” y con esa excusa asesinaron obispos, sacerdotes, religiosas, catequistas y delegados de la palabra. Perseguían al comunismo sin saber qué era eso, y aún suenan las canciones de guerra que invitan a asesinar comunistas.

Capitalismo y Socialismo se disputaron América Latina, y se la siguen disputando. Ese tira y encoge nos tiene en procesos democráticos enfocados únicamente en las elecciones. Esa es la democracia, ir a votar. Pero no hay participación ciudadana, ni diálogo, ni bien común.

Los medios de comunicación están polarizados. Los periodistas que se llaman críticos solo buscan lo malo de aquellos a quienes critican. Los hay de derecha y de izquierda. Es difícil encontrarse un médio neutral, autónomo, libre. No hay imparcialidad. Y quienes no hablan de política, hacen noticia de vellos púbicos o axilares, de fotos filtradas, de videos del momento, de likes, de compartir y de followers.

Y eso no es todo. La criminalidad, el homicidio de hombres y mujeres es el pan amargo de todos nuestros días grises. Pero lo más ignominioso es que las propagandas consumistas siguen como sin nada pasara. Los muertos yacen en las aceras de los pasajes, en las calles, en los diarios, en la tele y en la radio, y junto a ellos: la máguina de la felicidad, la nación Tigo, Claro, Movistar, Black Friday, Black Weekend, San Valentín, La Champion, Iron Maiden… los conciertos y el consumo son como las válvulas de escape, o más bien el opio del pueblo que corrompe las conciencias, y nos deja adormecidos.

Te matas estudiando para matarte trabajando para que te manten en la calle, y el mundo sigue. Sí, el mundo sigue, los muertos siguen, los ricos siguen, las promociones siguen. La muerte es el común denominador, y todos le quieren echar la culpa al gobierno actual, pero esto no empezó ayer, ni hace un año, ni hace cinco, ni diez, ni quince años. Simplemente estamos cosechando los miles de dólares que se han invertido en armamento, en publicidad, en biotecnología, en informática.

Si seguimos por este camino, de consumismo e indiferencia, pronto no quedará nada, y los que queden no sabrán qué pasó. La política de las naciones está regida por la mano invisible del libre mercado. El socialimo en irrealizable cuando el que domina es un sistema capitalista. El comunismo es una fábula, pues la empresa privada es la que pone y quita presidentes, o es algún presidente el que pone la empresa privada para quitar el comunismo.

Es indignante ver como los ricos reclaman seguridad, bienestar, pero nunca han sufrido un asalto. Es descepcionante ver cómo los políticos se ríen del pueblo, inventan historias estúpidas y las venden, y hacen girar todo en torno a sí mismos. Se hacen los imprescindibles, como si el mundo no pudiera seguir sin ellos. Los que acusan padecen de los mismos males, o quizá peores.

Calentamiento global, cambio climático, extinción, volcanes en erupción, inundaciones, sequía, lagos desaparecidos, ríos contaminados… y todo por el MALDITO DESARROLLO. Y para salir de la pobreza queremos más desarrollo, más contaminación, más dinero, más confort. Pero cuando todos seamos unos putos ricos, no quedará nada para vivir, ni árboles, ni animales, ni agua, ni humanidad. Morirán las especies débiles, luego los humanos pobres (empobrecidos) y los humanos débiles.

Mientras Rusia y los Estados Unidos se repartían el mundo y nos ofrecieron proyectos como el Sueño Americano o el Sueño Comunista, nos quedamos entrampados en la indiferencia y en la irracional lucha individualista del triunfo a cualquier precio. Y la muerte nos rodea, nos seduce, nos tienta.

Y me pregunto ¿habrá esperanza? ¿Podremos esperar que surja algo bueno después de años de siembras de discordia y revanchismo? ¿qué podremos esperar de comunistas y capitalistas que venden el mundo para hacerse ricos?

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