No te vayas, le dije.

Mañana me voy, me dijo al oído, 
con voz temblorosa, con temor de haber sido.  
Nadie lo sabe, pero me voy.  Me iré lejos, 
buscaré nuevos horizontes en la distante lejanía.
Delinearé nuevos surcos para el pan de cada día. 
Construiré nuevos caminos en medio de la nada
y cantaré con tristeza, los nuevos cantos por la mañana.  

Me voy y me quedo, 
mas me iré soñando 
el camino de regreso.
Iré tras el sueño que un día soñara
aquel soñador que construyó su patria, 
en suelo extraño, en tierra vana. 

No te vayas, le dije. 
Construye aquí tu vida. 
Aquí están tus amigos, tu historia, tu patria. 
No te vayas, es peligroso. 
Las ratas y alimañas rondarán en lo oscuro, 
las serpientes del camino, los lobos en la llanura. 
No te vayas, jovencita risueña. 
Pero sueña y lucha y vive, como tú quieras. 

Sé que te irás y mis palabras se las llevará el viento. 
Pero aquí estaré recordando este día de tu partida, 
que el Dios de lo alto te proteja 
y la madre del cielo te guarde.
Aquí quedamos tus amigos, 
nuestra casa será siempre tu casa. 
Nuestros hombros y pañuelos guardarán el recuerdo de tus lágrimas. 
Nuestras barrigas y nuestros dientes recordarán las carcajadas. 
Vuelve cuando quieras, vuelve a tu casa. 

Vete si tienes que irte, 
pero vuelve cuando quieras.
Aquí estaremos tus amigos y tu casa.
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