Una madre siempre espera

Tarareando la vieja canción de cuna
se acercó al viejo retrato que yacía 
polvoriento sobre la mesa del espejo 
y pensó en lo rápido que pasaba el tiempo. 

Acercó contra su pecho los pálidos colores
de la vieja fotografía de antaño, y sonrió.
Se acordó de su tierna criatura que se fue
y no volvió... mas lo quería de igual modo. 

Sus cabellos blancos teñidos de sueños, 
su morena y arrugada tez, sus ojos café. 
Ahí estaba la más fiel amante, la madre, 
esperando ver a lo lejos, entre los caminantes, 
a su amado hijo, ya hombre, errante, volver.
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