Era tan solo un pequeño ser…

Era tan solo un pequeño ser. Frágil criatura.
No sabía más que amar, y sonreír, y jugar.
Era tan pequeño, tan dulce, tan tierno 
que no conocía la maldad del mundo. 

De pronto se vio envuelto en caudales de ruido y dolor.
Clamó en su angustia, lloró desconsolado. 
No vio a nadie a su lado, no conoció la pasión, el calor,
y simplemente cerró sus ojos, sus labios, sus brazos.

Era tan solo un pequeñísimo ser cuyo futuro incierto
fue borrado por la navaja amarga del odio injustificado.
Arrebatáronle la vida, ni siquiera supo que vivía. 
No hablaba, solo sonreía, solo amaba. Era feliz.

Son miles de pequeñísimos seres los que se marchan, 
los que migran, los que cantan, los que lloran, los que mueren.
Indefensos humanos, apenas criaturas, de ojos claros, 
de amargos llantos. De pena honda, de amor y canto. 
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