Muerte de Dios, muerte del hombre

Atónitos contemplamos la destrucción del mundo. 
Contemplamos la obra de nuestras manos: muerte.
El hombre como Dios quiso ser, saber el bien
y el mal. Mas el mal le gustó, dejó lo bueno. 
Dejó a Dios, dejó al hombre. Dejó de ser para deshacer. 

Mientras celebramos las superfluas victorias del hombre
ignoramos las profundas llagas de la muerte. 
El corazón humano está marchito. 
Se saturó de dicha, de placer, de momento. 
Quedó falto de Dios, de vida, de esperanza. 

Creamos armas para defender la paz. 
Morimos en el trabajo para vivir en guerra.
Somos pobres eternamente para vivir ricos temporalmente. 
Defendemos perros, toros y gallos. Abortamos humanos. 
Asesinamos cristianos, musulmanes y judíos: 
sobre todo si son niños.
Somos los humanos deshumanizados. 
Matamos a Dios, y a su hijo.
Lo que queda matamos.
La vida muere.
Adiós al amor. 

Desháceseme el corazón ingenuo creyendo que cambiará
el corazón soberbio del hombre maduro y racional.
El capitalismo llegó al tope. Creíale muerto, difunto. 
Pero dejó embargado el futuro, hipotecada la historia. 
Pagó con "credit card" las bombas que caerán mañana
y la muerte no tiene precio, solo desprecio veo. 

De moral doble e hipocresía total están cobijados los malos
que llamándose buenos: matan, saquean  y expulsan. 
De ayuda humanitaria van cargados los aviones. 
A veces medicina, a veces bombas, y balas, y muerte. 
Lo más seguro es que van cargados de odio. 

Inquieto mi corazón no duerme. De pena sufre. 
De dolor por el desamor, por la crueldad del hombre.
Fetos que no son personas, niños que no son ciudadanos. 
Perros que no hablan, toros que no pelean, gallos que no cantan. 
Terribles contradicciones o simplemente multipolaridad. 
Asco siento de la globalización del mal. 

En un sistema tan complejo obligados nos vemos
a priorizar necesidades, ahorrar quejas y crear soluciones. 
Intolerancia, injusticia, soberbia, prepotencia
son los ingredientes de la bomba actual. 
Visión globalizada, impotencia generalizada. 
Guerra, migración. 
Dolor... 

Se dan Nobeles de Paz a los promotores de guerra. Sí.
Ese fue el principio de este largo final de la historia.
 
Cuando todo haya terminado ya no habrá tierras ni aguas
que defender, no habrá nada por qué pelear. 
Ni ruinas y ocho maravillas, ni Edén ni Infierno. 
Los premios de física crean Bombas Atómicas, 
el nobel de la paz declara la guerra, 
el pueblo elegido se olvida de la alianza. 
Todos terroristas, todos verdugos. 
No quedará ni uno solo. 
Primero caen las víctimas inocentes.
Después desaparecen las armas de destrucción masiva. 
Se destruyen las armas químicas, se acuerda la paz, 
se reactiva la guerra. Sube el frijol, nos mata el Ébola. 

¿Quedará algo después de este final?

Ah, y como a Dios lo expulsaron de la historia, 
y como los creyentes no demostraron su existencia, 
y como los ateos celebraron su destierro: 
NO LE HECHEMOS LA CULPA A DIOS 
DE TODO LA ACCIÓN Y DESTRUCCIÓN 
QUE EL HOMBRE HA CAUSADO.

¡Qué Dios haga algo!
Y tú hombre (libre, racional, grande)
¿Qué haces para que todo esto cambie?
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