El origen del mal, la mala educación y otras cosas: LOS HIJOS DE NADIE

Diariamente paso revista a los periódicos del país (El Salvador) y busco noticias de Nicaragua… (ah, que malo soy), y creo que lo hago como hacen muchos: empezar por atrás, ver el deporte, las revistas, entretenimiento… hasta llegar a las noticias nacionales. Es triste encontrarme con una realidad tan dolorosa y desoladora. Muertes, desaparecidos, extorciones, secuestros, rentas, homicidios, “maras”, etc., etc., etc. En los periódicos: violencia. En los noticieros de TV: violencia. En las calles: violencia. En las escuelas: violencia. En las iglesias: indiferencia.

Ante tal panorama, me pregunto: ¿Cómo es posible que ese niño que antes jugaba con carritos ahora es un asesino? ¿De dónde viene tanta violencia, odio, muerte? y las respuestas no son fáciles de formular. Creo que nadie tiene la receta para la buena, eficaz e infalible educación, pero todos sabemos algo del modo en el que “NO SE DEBE EDUCAR A UN HIJO”.

Otro punto complicado en este tema es el asunto de las leyes que parecen proteger más a los que hacen el daño (sus derechos humanos) que a las víctimas (que también tienen derechos). Se busca aprobar leyes hechas en USA, en la UE o en cualquier país que nos dé dinero (“pisto”, “riales”…) pero esas leyes funcionaran allá en los países primermundistas, donde se educa de otro modo y hay recursos para invertirlos en cosas diversas. No tienen los mismos problemas que nuestros países centroamericanos.  Países diferentes, modos de enfrentar los problemas diferentes.

De LO QUE NO SE DEBERÍA HACER CON LOS HIJOS…

Revisemos el lugar donde vivimos y respondamos:

Donde usted vive: ¿Hay escuelas? ¿hay cantinas?
¿hay centros de salud? ¿hay expendios de droga?

Cuando usted está en la iglesia: 
¿sabe dónde y con quién está su hijo? 
¿sabe usted qué hace cuando sale de la casa? 

Sobre la escuela: ¿Le ayuda usted a hacer su tarea, 
revisa sus cuadernos, se ocupa 
y preocupa de cómo le va en la escuela? 

En el hogar: ¿Cuánto tiempo pasa su hijo viendo televisión, 
películas en el DVD, o navegando en Internet? 
¿Charla usted con sus hijos? 
¿Dice usted mentiras frente a su hijo? 
¿le consciente el robo, la mentira y las malas palabras? 
Cuando lo corrige ¿usa más golpes que palabras, 
le pega estando usted enojado, 
le dice por qué le pega o castiga? 

El modo de corregir: 
Considera proporcional la violencia que usa contra su hijo 
con el daño hecho por él? 
Si usted pasa trabajando todo el día para alimentar a sus hijos, 
cuándo tiene tiempo de platicar de los acontecimientos del día, 
de sus problemas, de sus sueños, de sus dudas. 
¿Se queda usted tranquilo cuando: 
habiendo llevado a su niño pequeño a la iglesia, 
usted se queda dentro y él juega afuera?...

Bueno, basta de tantas preguntas. Yo no soy padre de familia, y ese es un lío bastante serio. Lo que me interesa de estas preguntas es hacer ver que muchas de las cosas que aquejan a nuestra sociedad actual, tienen su origen en el hogar. Lo que hagamos o dejemos de hacer en el hogar repercutirá directa o indirectamente sobre nosotros y la sociedad. Y sucede a la inversa: la sociedad influye en la familia.

A veces, queremos que la policía y el gobierno arreglen nuestra vida, que nos salven de tanta violencia y muerte. Pero estamos haciendo muy poco para evitar que nuestros hijos se conviertan en delincuentes. Es irónico ver que pasamos más tiempo conectados al Internet, viendo TV, en el Trabajo y/o durmiendo que platicando con nuestros hijos.

Nuestros hijos se convierten en grandes desconocidos. No los conocemos. Fácilmente los rechazamos cuando andan en “malos pasos”, cuando “nos dan color” en el barrio, o simplemente no responden a nuestras expectativas. Son nuestros hijos, obras de nuestro amor o desamor. Resultado de la educación o mala educación que le dimos.

Nosotros criamos a los delincuentes y esperamos que el gobierno haga algo contra la violencia. Pero cuando arrestan a nuestros hijos violentos, y homicidas, los defendemos. Decimos: “si son buenos, no salen de casa”. “Andaba haciendo un mandado”. Multipliquemos ese patrón por cada familia en nuestro barrio, en nuestro municipio, en el país.

El resultado es que la sociedad está al borde del colapso. Las familias están criando (o mal criando) a los hijos y dejándolos en la boca del lobo, que los entrenará y los convertirá fácilmente en homicidas. Nuestros hijos llegarán a ser más fieles a una “mara” que a su propia familia. Lucharán por delincuentes, matarán inocentes. Se sentirán más atendidos por los jefes mafiosos que por los mismos padres, que lo dejaron en casa con el señor DVD, don Cable, don Internet. En la calle se hicieron hombres, se hicieron mujeres. Perdieron la inocencia, la pena, la humanidad. Pero “son nuestros hijos, inocentes, que no salen a la calle”.

No quiero y no puedo agotar este problema, que me deja sin palabras. Pero quiero quedarme con una idea: Si todo comienza en el hogar, no será urgente que le dediquemos más tiempo a la familia.

Las personas que se dedican a delinquir son personas que erraron su camino. Quizá su familia, la sociedad, la escuela, la iglesia, el gobierno, los Mass Media no se dieron cuenta de lo que estaba pasando hasta que fue muy tarde. Un delincuente no cae del cielo, nace de una familia, es engendrado de forma “normal”, tiene papá y mamá. Pero parece que a la misma familia le conviene tener un hijo delincuente (poderoso). La misma familia se debe estar lucrando de la maldad del hijo,  ¿o no? Si no fuese así, la misma familia ya le habría puesto un alto a ese que una vez fue víctima y ahora es victimario.

Desde mI punto de vista, cada familia debe hacerse cargo de lo que cría. El que cría delincuentes que cargue con sus delincuentes, para que ya no hagan daño a la demás gente. Pero vemos que la familia cae en indiferencia y los gobiernos hacen muy poco para contrarrestar este flagelo. La sociedad tiene la capacidad de crear buenos o malos hombres, según sean las familias que los eduquen, y la sociedad que lo permita.

Quizá no todo se explique ad intra de la familia, pero muchas cosas tienen en ella su origen. Mientras no haya una renovación de la vida en familia y en las relaciones intrafamiliares no habrá una mejor sociedad. La mejor sociedad inicia en el hogar, en la familia. El trabajo está en casa.

Existen más padres y madres de familia que policías y militares. Cuando los padres de familia se hagan cargo de su familia, sólo entonces la cosa va a cambiar. Debemos alcanzar un pacto social en donde todos nos preocupemos por los problemas de todos. Un factor que no hemos analizado es que si los vecinos no se conocen, no dialogan, no se organizan, no podrán hacer frente a lo que ellos mismos están criando con sus propias manos y con su indiferencia y conformismo.

Para terminar, vienen a mi mente las palabras de un profesor en Guatemala: Enrique Campang, que nos explicó la teoría de las “P”, que trataré de recordar (con estas u otras palabras).

Para educar  a la Prole, están los Papás. El papá (y la mamá) se ayudan del Profesor en la escuela, y del Padre en la iglesia. Cuando las cosas van mal, cuando el papá, el profesor y el padre no pueden ayudar al hijo, van con el Psicólogo. Si el psicólogo no puede van con el Policía. Si el papá, el profesor, el padre, el psicólogo y el policía no pueden hacer nada… entonces nos llevó la gran “P“…

¿En qué nivel de “P” estamos?

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