Mujeres y lenguaje: lo femenino frente a la opresión

De un tiempo para acá, se ha venido insistiendo en “feminizar” el lenguaje, es decir: se hace ley que las palabras que se consideraban “neutro” no lo eran tanto, ya que al ponerlas con “o” que es masculina, tienden a dejar fuera a las mujeres, a las niñas, etc. Por ejemplo: Todos (se entendía todo, es decir todas las personas que conformaban un grupo universo) pasa a ser una parte y para decir el total dicen: Todos y todas. De igual modo cuando se usa “niños”: los niños y las niñas, nosotros y nosotras, maestras y maestros… Pero sobre este tema ya otros han escrito algo que valdría la pena tomar en cuenta.

Feminización incorrecta del idioma de Silvio Avilez Gallo

Femicidio o feminicidio    Universidad Francisco Marroquín

El lenguaje y el empleo simultáneo de masculino y femenino de Reinaldo Piré

Los ciudadanos y las ciudadanas, los niños y las niñas  de la Real Academia de la Lengua Española

En este blog

Derechos humanos de todos o de algunos

Universalidad o particularidad

Y la mujer se hizo hombre

Pero el asunto que me trae aquí no es tanto si se debe decir  o no, o si es legal o no, usar “nosotras y nosotros”, “las y los”, “todos y todas”. Aunque suene cansado y  sea legal (y decir legal no es lo mismo que decir correcto, lingüísticamente hablando). Lo que quisiera aportar a tal discusión es que si al cambiar las palabras o cómo nos referimos a la realidad, ¿cambiará la realidad misma?

En otras palabras: las corrientes actuales feministas se han inclinado por promover el uso “incorrecto del idioma” porque el “correcto” no describía bien las cosas, es más, el “tradicional español” ha marginado a las mujeres… Pero: al usar los términos en femenino (a la par de los masculinos, y no usando los neutros “inclusivos”) ¿han cambiado las cosas? ¿no estaremos cayendo en eufemismos que enredan la lengua pero que al final la realidad vivida es otra?

¿Será suficiente con poner en las leyes civiles cosas que parecen arbitrarias al idioma como para decir que “por lo menos en la ley y en los discursos las cosas van mejorando para las mujeres”?

En las luchas de las mujeres, si bien desde muy antiguo han sufrido marginación, es hasta hace poco que van logrando algunos avances. Avances que aparecen como pocos pero que son muy significativos, además, hay muchas cosas por las cuales seguir trabajando.

De las cosas en las que se ha avanzado (después de muchos años de lucha) son por ejemplo: el derecho al voto, el derecho a participar como candidatas a elecciones populares, elegir la ropa, elegir el esposo, trabajar fuera de casa, ser madre o no, casarse o no. Sin embargo, siguen existiendo aquellos que a partir de la diferencia que hay entre hombres y mujeres, a saber, unos genitales de un tipo y otros de otro, a partir de esa tonta diferencia, siguen marginando a las mujeres, por ser mujeres.

Y ¿Qué significa ser marginada?: Que por el mismo trabajo no se les pague el mismo salario. Que por ser mujer no pueda acceder a cargos de autoridad como la presidencia, la alcaldía, la monarquía, la jefatura.  Pero la ley que obliga a contrarrestar esta marginación de cierto modo “margina” a los hombres. Entonces, ¿cuál será la salida?

En algunos países se han hecho avances en leyes como “igualdad de oportunidades” en las que se dictamina que en tal o cual instituto, ministerio o poder del estado, la mitad de sus funcionarios sean mujeres. Pero esta ley puede tener la limitante de poner a alguien por su sexo y no por sus capacidades, de igual modo lo que le es contrario a esa ley, que por ser mujer, no le sea lícito acceder a ese cargo.

Pero todo esto de leyes parece que no tiene que ver con el idioma, que es lo que me tiene aquí.

¿Qué va primero: la ley o la realidad?

Para mí, el problema de fondo no está en el idioma, pues el idioma es una creación humana, por ello sigue creciendo, evolucionando. Pero, el detalle es que ese crecimiento se da primero en la realidad y luego se reconoce como ley. En algún momento, parece que se tiene que poner una ley que diga: “desde hoy se debe decir: nosotras y nosotros” y el que no lo haga comete delito de marginación por causa de sexo.

Tal vez ese ejemplo no tenga cara  ni forma de ley, pero así es como lo veo. Los juicios y persecuciones de este tipo se darán por “lo que se dice”. Quizá alguien que lea esto, si es que alguien lee esto, diga que soy un marginador por causas sexuales, y me denuncie por lo que digo, o por que no lo digo bien… Pero, recordemos que hay más realidad más allá de las mismas palabras. Una cosa es lo que se dice (sea correcto o no) y otra lo que se hace (sea correcto o no).

Dicho de otro modo, puedo decir que el color “rojo” ya no se llamará rojo, sino azul, y esa es la ley. Pero la mayoría de la gente llamará a ese color rojo, pues así se conoció. Pero si “Todos” acordamos el cambio de nombre, y si nos re-acostumbramos y no hay desacuerdo ni error, pues esa ley sí tendrá sentido.

En cambio, vemos que a pesar de leyes que castigan el “femicidio o feminicidio” siguen asesinando a mujeres. El problema no es que haya o no una ley que castigue, el problema es que los factores que llevan a cometer ese tipo de actos siguen existiendo. Sigue habiendo gente con deseo de matar gente. Hay femicidios y hay homicidios, ambos son claros signos de deshumanización.

Será que comete peor delito el que mata a una mujer frente a aquel que mata a un hombre. No son las dos víctimas personas, seres humanos con derecho a la vida. El problema no es si se le llama homicidio o femicidio. El problema es que hay gente matando gente.

Desde lo que logro ver, el problema no es del lenguaje, ya que para mí, excluye quien quiere excluir. Te lo diga con palabras o no, si no te quiere o le molestas por ser quien eres, seas del sexo que fueres, el problema estará en las ideas que tiene esa persona, sea hombre o mujer.

El problema son las ideas represoras que hay en los sujetos masculinos o femeninos, que a  causa de alguna diferencia, hacen la marginación. Hacer leyes para evitar esto, no significa que ya no existirán marginadores.

No basta con hacer leyes y castigar a los “detractores del nuevo idioma”, hay que trabajar porque ya no existan esas ideas de superioridad “sexual”, “racial”, “socio-económica”, “religiosa”.

Ser hombre no es sinónimo de infalibilidad, tampoco, ser mujer y ejercer un cargo público significa superioridad ni infalibilidad. Ambos sexos, hombre y mujer, como ser humano, traen de suyo la posibilidad de errar. Yerran por ser seres humanos, no por ser varón o mujer.

El tema lingüístico sobre el uso de femeninos y masculinos considero que debe tratarse muy posteriormente, pues en principio, hay ideas que están más allá del género, del sexo, del pene y de la vagina. Ideas que traen opresión, discriminación, soberbia, prepotencia, marginación.

El problema entre hombres y mujeres, o mejor dicho, el problema de los hombres y las mujeres no es lingüístico, es ideológico. Las ideas funestas que sostengan sistemas opresores por muy inclusivos que suenen (pues vienen de la súper democracia americana), si traen dominio, explotación, exclusión, para mí, deben ser denunciados.

Algunas personas se alegrarán y quedarán conformes porque se haga una ley que obliga (o permita) a que los hijos (e hijas) lleven primero el apellido materno. Está bien su alegría, y que así se haga, pero, recordemos que usar un apellido distinto no significa que la persona que usa el apellido materno será mejor persona por traer un apellido u otro.

Si las palabras expresan realidad, reivindicar a la mujer será darle el lugar que le toca, como ser humano pleno. La lengua dirá realidad cuando la realidad sea la que tiene que ser.

Mientras nosotros gastemos energías en el cómo se debe decir, o cómo se debe escribir, por ahí andan los asesinos, los opresores, los consumistas, los políticos, que no se detendrán mucho a pensar en si tienes testículos o tienes ovarios. Te harán daño, seas varón o mujer.

Para reconocer a los verdaderos enemigos del hombre (como ser humano) hemos de ir más allá de las palabras: las ideas, las acciones, los gestos, las omisiones. Hay mucho más daño en lo que se hace que en lo que se dice. Pues que te lo digan o no es una cosa, pero que te lo hagan o no es otra muy diferente.

Hay opresiones históricas que siguen haciendo daño, indistintamente a hombres y mujeres. Hay estructuras pecaminosas que condenan a pobres (hombres y mujeres) a una vida indigna. La muerte viene, y se lleva a hombres y mujeres.

Que mueren más mujeres en el mundo, pues sí hay más mujeres en el mundo, y ningún humano es eterno, es lógico que así sea. Pero el problema no es de sexo, es de ideas.

 Este tema queda abierto, se seguirá escribiendo e iluminando, pero sobre todo, espero que se siga transformando la realidad pasando de lo inhumano a lo humano, de la discriminación a la inclusión, de la discordia a la unión.

 

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