Saber elegir lo importante

Para elegir lo que es importante…

Parece ser una cuestión obvia, pero muchas veces nos encontramos con el inconveniente de no saber qué elegir y qué parámetros usar para tomar nuestras decisiones. A veces, pedimos consejos, otras seguimos nuestra intuición, pero la mayoría de las veces, nos tomamos un tiempo para pensar y repensar nuestras opciones. Lo más curioso es que después de tanto pensar, muchas veces seguimos en la misma postura, o simplemente elegimos lo diferente a sabiendas de que podemos errar, y nos preparamos para asumir las consecuencias de dicha decisión.

Por lo general, se esperaría que una persona con sus sentidos normales, elegiría lo bueno, el bien, la verdad, lo bello. Pero elegir no es una cuestión de instintos, es una cuestión aprendida. ¿Por qué? Porque nuestras pequeñas y primeras elecciones son repetición de los patrones que nuestros padres nos enseñaron. Por eso, no se trata de elegir al azar, sino de saber cómo es que aprendí a elegir.

Elegir no puede limitarse a un par de opciones (pues se elige entre dos, si es una opción pues ni modo, no es opción…). El ser humano es capaz de crear alternativas frente a sus necesidades, usando la creatividad, sus deseos, sus sueños. Muchos de los grandes inventos empezaron por buscar alternativas frente a lo dado. La pregunta aquí es ¿qué tan capaz de crear alternativas me siento? o ¿me conformo con lo dado y establecido? ¿Puede ser diferente esto que está así?

Esta última dificultad nos llevaría a elegir entre lo dado y lo posiblemente nuevo. Muchos optarán por el camino “seguro”, el de siempre, sin arriesgar  mucho y ganar lo mismo. Otros se atreverán a hacer algo nuevo, diferente; y asumirán el reto de ser originales  y dejar su huella en esta vida.

Pero en la actualidad, esto es más complicado…

Ya no hay patrones claros en las relaciones familiares. Se defiende lo diverso, las minorías, lo diferente, lo nuevo, lo extraño, etc. Es decir, ya casi nadie opta por actuar o vivir según “los modos clásicos” de la moral y las buenas costumbres. Rara vez se escucha hablar de valores, virtudes, del bien, del sentido común. Las reglas se han resumido en “prohibido prohibir”, “respeta mi modo de ser diferente, te guste o no te guste” y cuidado con opinar distinto…

Estamos en una especie de absolutización del relativismo. Lo único absoluto es lo relativo, y así son la relaciones humanas. Es más complicado, cuando en vez de bien común se defiende el bien de algunos pocos a cualquier costo. Cuando ya no se educa para la vida y el orden y el bien, sino para la competencia, el individualismo y la manipulación de las conciencias.

Estamos entrando en una época en que “todo se debe convertir en ley” para “proteger” pero se olvidan de algunas cosas antes de escribir la ley, como preguntarse sobre el origen del problema y si la ley será suficiente como para evitar el problema y solucionar lo que ya está dañado. Lo que quiero decir, es que antes de la ley ya hay un mal, que muchas veces sigue a pesar de la ley. Por tanto,la ley se usa no para solucionar problemas, sino para “castigar infractores de la ley” y ahí está el problema.

Por un lado los gobiernos prohíben fumar en algunos lados, pero siguen vendiendo cigarrillos en todas partes. Se decretan espacios “libres de humo” pero en las calles muchos vehículos van expulsando miles de gases contaminantes. Se ponen policías y militares para “asegurar la seguridad” pero siguen vendiendo armas a cualquier persona, y siguen entrando municiones a nuestros países de manera legal. Se prohibe matar toros y gallos, pero se aborta a seres humanos por miles. Se castiga a un padre “irresponsable” y se “cuida” a un hijo “homicida”.  Se aprueban leyes para que el apellido materno sea primero, como si cambiando el nombre cambiarán las conciencias o modos de actuar.

Entonces, tenemos algunos problemas para saber elegir.

Por un lado está “lo tradicional” que nadie quiere por anticuado. Por otro está “lo legal”, que será legal mas no moral, ni racional, pero es ley. Parece que lo tradicional está opuesto a la modernidad y sobre toda a la ley, por tanto ser tradicional es malo. Lo legal se opone en varios puntos a lo bueno y verdadero y justo.

Parece ser que lo más arriesgado en la actualidad es ser anticuado. Es decir, defender valores, virtudes, el bien común y el sentido común. A veces se ha atacado lo tradicional y antiguo como malo, sin embargo, la propuesta novedosa de la época no parece encaminarse hacia un buen destino.

Se está legislando para la libertad, el liberalismo, el relativismo, pero no para la responsabilidad, la solidaridad y la integridad. Por tanto, para elegir lo importante, elige lo grande: el bien, la verdad, la belleza. No elijas las cosas vanas que pasan, elige para siempre.

 

 

 

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