Antes de elegir el camino sin retorno

Antes de elegir un camino sin retorno hay que buscar vías alternas. Pues si hablamos de violencia y muerte, muchísimo antes de elegir la violencia que trae la muerte (y si consideras que es la última de tus opciones)  asegúrate de haber agotado todas las otras vías.

No elijas el camino de la violencia si no haz agotado las vías del diálogo. Y si se agotó la posibilidad de dialogar y te vez obligado a usar la violencia, nunca dejes la puerta cerrada al diálogo, que después que todo lo terrible haya pasado, serás de los que tienen vergüenza porque no supieron dialogar, antes de matar a sus hermanos. (Y ojalá sientas vergüenza).

Para hacer la paz no hay que hacer la guerra.

Para hacer la paz hay que trabajar por la justicia, la verdad, el bien y el amor.

Y eso no siempre se logra gritando y golpeando, sino dialogando y aceptando la propia fragilidad.

Si te encuentras frente a un tirano y tienes el apoyo del pueblo (de todo el pueblo) haz como mejor te parezca. Pero si representas a una minoría (o menos de la mitad) siempre quedarás como agitador y revoltoso, no como un patriota. A menos que tu causa sea realmente justa y deje fuera los intereses mezquinos y sea en beneficio de la inmensa mayoría del pueblo. Pero si es por puro ego y soberbia, no escandalices al pueblo.

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