El último suspiro y buenas noches

Cuando la tarde fenece y el último rayo de sol se ha ido, salen los trovadores del campo a dar serenatas a la Luna. Todo es silencio y susurros inaudibles entre los que resalta la música orquestal de los grillos.

Un perro ladra a lo lejos; por un segundo se abren los ojos y los oídos atentos para saber qué ha pasado. Los silenciosos caminantes tomados de las manos únicamente escuchan el corazón del otro y ven sus ojos de miel, y sienten sus  manos con sus dedos entrelazados.

No importa el ruido o el silencio, la noche o el día, el frío o el calor si sabes que después del último beso de la noche viene el profundo y último suspiro que te dice: no aguanto a que sea mañana. Pero, por qué suspiras, si aquí me tienes.

Y se despiden tiernamente los que se conocen desde siempre. Les agrada estar juntos, pero más les encanta es esperar el momento de volverse a ver y suspirar mientras se llega la hora. Entró la noche, se fue la luna, duermen los amantes y con sonrisa en los labios sueñan en que mañana será otro día feliz.

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