Eso que llaman vocación o el sentido de la vida…

La soledad del alma únicamente es conocida por la conciencia de quien se sabe solo. La música me acompaña en las largas esperas del minuto siguiente. El tic tac del reloj va marcando el ritmo monótono de la vida en la que la repetición de patrones es la norma y pensar o sentir es atentar contra lo común. Sumergidos en miles de litros de nada, ahogados en el vacío sin encontrar el faro orientador, nuestras barcas, a la deriva, son arrastradas por las corrientes modernas, virulentas y traicioneras del hoy. Seguimos héroes, ídolos a los que llamamos artistas, deportistas, sobre humanos. Peinados, ropas, dichos, señas, lenguas, errores y estupideces, como si no pudiésemos se autores de nuestras propias tonterías, imitamos las pendejadas de otros. Y como la vida es nuestra (mía, tuya, de él, de ella…) la tornamos o la truncamos como nos place, o simplemente, anegados en turbias aguas somos arrastrados por fuerzas heterónomas que nos destruirán si nos oponemos y si nos dejamos nos aniquilarán.

En la lucha por definir el rumbo de nuestra vida nos encontramos con un sin fin de oportunidades y de negaciones. Seguir el rumbo comprado por la familia o ir contra toda predestinación. Escuchar la voz de Dios, la conciencia, de Pepe grillo, del vecino, del amigo, del rencor o del temor. Seguir o renunciar, hacia la derecha o hacia la izquierda, arriba o abajo. Tomar la brújula, el mapa, buscar el sol, leer las estrellas, seguir la mareas… o dejar todo cuanto has conocido y simplemente ir hacia donde te apunta la nariz. Enfrentarte a ti mismo y tus temores o enfrentarte a ejércitos desconocidos dispuestos a dar su vida por ideales contrarios a los tuyos. Tomar una causa o tomar diez. Amar, orar y comer, o elegir odiar y morir.

Vemos que vivir no es vivir y nada más. No es la vida humana como la de los animales. No creo que los leones en la selva tangan que elegir entre comer una jirafa o comerse una cebra. Simplemente se hartarán lo que encuentren que camina frete a ellos, tiene carne y está al alcance de sus garras. El ser humano no. No somos leones, ni tigres, aunque algunos parecen burros o cerdos… pero eso es otra cosa.

Cuando venimos al mundo se nos otorgan un libro en blanco y una pluma. Las primeras páginas son llenadas por nuestros padres o tutores, los familiares, los maestros y todos los adultos que se relacionan con nosotros. En todo ese tiempo tratamos de sobrevivir, callar, escuchar, obedecer…

Pero se llega el momento en tomar la pluma de nuestra vida y el gran reto: trazar las primeras letras autógrafas de nuestra propia mano, de nuestro corazón, de nuestra mente. El gran temor que traemos de decepcionar, errar, sufrir no será ajeno. Es tiempo de equivocarse, a veces de tachar, de manchar, mas nunca borrar lo escrito. Con el deseo de escribir las mejores líneas y el mejor final de nuestra historia nos tomamos el tiempo de elegir bien las palabras, pero el tiempo va pasado. El único reloj que se detiene es el que se queda sin pilas, pero el tiempo sigue. Las decisiones no esperan. Lo tomas o lo dejas, si lo tomas lo asumes con todas sus implicaciones, si lo dejas ya no puedes volver por él… y tememos elegir.

Al final de cuentas, cuando ya se hayan escrito los últimos capítulos de nuestra historia, hemos de tener un sin número de páginas, anécdotas, logros y fracasos, llantos y risas… pero esa es la vida.

La posmodernidad nos ha brindado en el séptimo arte (ignorando cuáles son las otras seis) la oportunidad por comenzar por el final…

Cuando te pones a pensar en cómo quieres que sea el desenlace de tu vida te preguntas ¿Cómo es que llegué aquí? Vuelves al presente y habiendo pensado en el final feliz te dispones a escribir la verdadera historia de tu vida. Siguiendo, ya no los patrones familiares o étnicos, sino simplemente los impulsos de ese corazón latiendo fuerte. Piensa en cómo quieres el final y empezarás a escribir la historia como tú la quieres.

Se llega el momento en el que elegirás los coprotagonistas, las ciudades, las locaciones, el presupuesto… tu historia podrá ser llevada a la pantalla grande o quedarse a la par de millones de historias anónimas y de bajo perfil. Puede que en ese tratar de escribir tus propias líneas te encuentres con muchas más oposiciones que si siguieses los patrones prefijados, pero nadie dijo que escribir fuera fácil.

La pregunta será entonces: ¿Estás listo para escribir tus mejores líneas? ¿Asumirás con propiedad la buena y la mala crítica?

Vivir como ser humano  trae sus consecuencias… ignorar eso, trae sus tormentos. Pero quien aprende a vivir como ser humano, por muy difícil que haya sido la escritura de su historia, seguramente tendrá un final feliz.

 

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