Cuando la vida no tiene sentido es la muerte la que nos guía

La vida es siempre tan complicada y por eso la amo. Siempre me presenta retos, desafíos, amores, sueños, pasión, dolor, esperanza, desaliento, amigos, Dios.

Cuando nos centramos en ver únicamente nuestros problemas y pasamos a ser el ombligo del mundo y el centro del universo simplemente ya no encontramos salida. Si vemos alrededor, siempre encontraremos a alguien que está en una condición mejor o peor que la nuestra, y este debe ser un primer motivo para seguir luchado. Si alguien está peor que tú, trabaja para ayudarlo. Si alguien  está mejor que tú, intenta superarlo, pero no te olvides de aquel que está peor que tú. Porque en este mundo no existes solo tú, ni solo aquel que está mejor que tú.

Pero, leyendo el diario, viendo las malas noticias, las altas tazas de homicidios, de desaparecidos, de extorciones, de violencia, corrupción, me doy cuenta que la felicidad parece ser un concepto, más que abstracto es como una falacia. Una mentira que nos han inventado para soportar todo el dolor del presente. Me da la sensación de que lo que vivimos, entre pandillas y extorsiones, entre asaltos y corrupción de las instituciones del estado, es el resultado de unas graves prácticas sociales, políticas y económicas que han venido a modificar nuestra cultura y nuestro estilo de vida. Dejándonos en callejones sin salida, y lo más difícil es que no sabemos cuándo fue la última vez que estuvimos en el buen camino.

Si algo logré aprender de algunos pequeñísimos parágrafos del sorprendente Martín Heidegger es que la Vida es ese abanico de posibilidades y que la muerte es en sí, la anulación de toda posibilidad (Ser y Tiempo). La situación que vive el pueblo, subyugado por prácticas inhumanas y anti-fraternas, se está quedando sin muchas posibilidades. Pero no es todo el pueblo. Siempre son los más pobres, los de las periferias, los que salen en las noticias todos los días, y los que aparecen en cada campaña política.

En las marginalidades de la vida el silencio y el temor es el bastimento con que se acompañan las comidas (si se tienen) de cada día. El problema de las pandillas es un tema pendiente de aclararse, de entenderse y mucho más, de solucionarse. Las políticas “mano dura”, y “súper mano dura” no tuvieron los efectos esperados. La “TREGUA” no deja de ser una gran mentira, pues las balas siguen asesinando. Las rentas se siguen cobrando. Las madres lloran, los niños aterrorizados se esconden. Pero nadie dice nada.

Quizá no nos hemos puesto a pensar (y quizá ni lleguemos a entender) cómo es que llegamos a este punto. Pero para mí, siguiendo la premisa heideggeriana es la muerte. Ya no hay más posibilidades. Ya no hay sueños ni ilusiones. Los jóvenes que entraron a las “maras” se están autocondenando a muerte. Pues por lo que se ve, únicamente muertos pueden salir de eso. Ni siquiera son comparables a los movimientos guerrilleros, pues las guerrillas querían un futuro mejor y el medio para alcanzarlo era la guerra. Ahora vivimos en una especie de guerra, muchos mueren, pero nadie sabe en verdad por qué ni para qué. Simplemente seguimos inflando estadísticas terroríficas. Ya no se cuentan seres humanos, se cuentan cadáveres.

Endiosamos al dinero. Pasamos todo el día trabajando y nos olvidamos de darle afecto a los hijos. No sabemos dar afecto y lo único que recetamos son golpes, gritos y dolor. No hay alternativas, la escuela es igual que la calle, o a veces peor. Las iglesias son como museos aburridos, enmohecidos y sin novedad, se están quedando vacías. O están llenas, pero nadie hace nada (magna contradicción para nuestros países 99 % cristianos).

Esos hijos malcriados, son mis hijos, son tus hijos. Esos hijos heridos, resentidos, maltratados, abusados, son nuestros propios hijos. Esos hombres a los que tenemos miedo son los que alguna vez llevamos en brazos. Pero ¿cuándo se perdió el amor? Podríamos echar la culpa a los padres, sea por flojos o sea por rigurosos, porque los hijos buscaron la calle. Porque nunca tuvieron en realidad un padre una madre. Pero existen algunos que sí tuvieron padre y madre, y escuela e iglesia…  pero a veces, todo esto no es suficiente.

Cuando los gobiernos gobiernan para el bienestar de unos pocos, muchos pasan necesidad. La necesidad nos puede llevar a cometer delitos, a deshumanizarnos, al igual que nos deshumaniza la riqueza. Cuando se ha roto el equilibrio todos tenemos miedo de todos. Cualquiera puede ser tu enemigo y quizá no lo sabes todavía. El equilibrio está roto, se nota. Centros comerciales de lujo. Barrios marginales y abandonados. Casas con muros altos, serpentinas, guardias, perros… Covachas agrietadas por las balas, calles oscuras, pobreza indeseada.

Sistemas corruptos, ministerios corruptos, sociedad corrupta… FIN DE LA HISTORIA?

Me niego a aceptar eso. Deben existir más posibilidades, luces, oportunidades, vías… algo que nos de el aliento necesario para seguir luchando. Algo que nos devuelva la ilusión, algo que permita a esos jóvenes sonreír, soñar, amar, orar, agradecer, perdonar, dar y servir.

Creo que nadie, por más arriesgado que sea, desea la muerte solo porque sí. Nadie quiere el dolor, el sufrimiento, el odio, el rencor… pero así vivimos. Ya no sabemos cómo ni cuando inició, y no logramos imaginar cómo y cuándo terminará. Pero sigamos intentándolo…

Sueño que un día todos soñemos, con mundo en paz, y que ese sueño se haga realidad.

SUEÑO DE PAZ

Sueño que un día caminaré por las calles, veredas y pasajes de mi barrio sin temor  a ser asaltado, sin temor a morir en la oscuridad de la noche o en las sombras del medio día. Sueño que tu hijo con el mío van jugando por las calles, gritando y sonriendo sin temor al plomo, al negro color o al frío de la muerte. Sueño con casas coloridas sin pintas ni marcas, con puertas y ventanas abiertas, sin muros y sin miedo. Sueño una vecindad unida y en paz. Sueño poder visitar a mis familiares y amigos sin que eso sea un peligro. Sueño con un día en que el periódico no hable de muerte, homicidio, llanto y dolor. Sueño y lloro dormido porque el amor se ha extinguido, porque ya no hay paz, porque ya nadie es feliz en las barriadas y cantones. Me destroza el alma ver los ojos perdidos sin sueños, sin ilusión ya que todo lo bueno quedó en el olvido.

Ven a soñar conmigo y hagamos este sueño realidad. Que ningún número nos separe. Que las calles, pasajes y barrios sean el lugar de encuentro para todos los hermanos de una misma patria que se aman y que de su boca únicamente salen gritos de amistad.

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