El poder del qué dirán y el pensamiento sobre sí mismo

Desde hace mucho tiempo se maneja que el ser humano es “un ser en relación” y que entre más se relacione es más persona. En algún momento tratamos de hacer notar que eso no es del todo cierto si las relaciones son pobres y muy superfluas.
Ahora bien, lo que dicen los otros acerca de nosotros es tan importante (aunque sea inconscientemente) como lo que nosotros pensamos de nosotros mismos. Es decir, que aunque nos pueda importar poco el qué dirán, normalmente nos gusta saber qué dicen y de ahí juzgamos eso que dicen. A veces nos gusta, a veces no.

 ¿Qué pasa ahora? Iremos ignorando lo que dice la gente de nosotros, o pondremos demasiada atención a esas palabras. Dialogaremos con los que nos juzgan y “nos comentan” en frente o a espaldas… parece difícil definir una línea de respuesta.

 Las relaciones interpersonales son bastantes complicadas y normalmente hacemos una especie de círculos concéntricos alrededor nuestro y poniéndonos al centro, tenemos un círculo pequeños para los amigos, los mejores amigos que nos conocen desde hace mucho tiempo y con los que compartimos todo tipo de experiencias y son relaciones muy profundas y más auténticas. Un círculo más hacia fuera están los familiares más cercanos y los otros amigos, con los que compartimos espacios y tiempos importantes. Más afuera estarán el resto de personas a las que apenas conocemos de vista y saludamos de vez en cuando. Mucho más hacia fuera estarán todos los demás, las personas que vemos y no conocemos.

Ahora bien, ¿quién sabe quién eres tú? Siendo atrevidos solamente yo se quién soy yo. Luego, un grupo muy reducido de personas nos podrá decir más o menos quién somos, personas a las que les hemos abierto las puertas de nuestro hogar y de nuestro corazón. Es posible que en este grupo estén algunos familiares, pero sobre todo estarán nuestros mejores amigos.
Cuando alguien te dice: vos sos esto, o tú eres esto otro. ¿Merecería la pena perder el sueño si lo que dice parece carecer de fundamentos?

Pasemos ahora al otro lado, ¿Cuántas veces nos vemos nosotros opinando y criticando a quienes no conocemos?

Si mantenemos el criterio anterior de opinar sobre lo que conocemos bien, la cosa se complica demasiado. Entonces, quién estará capacitado para opinar o hablar de los demás. Ciertamente no deberíamos hablar de los demás. Podríamos, por el contrario, hablar de nosotros y de lo que nos sucede con los demás o lo que los demás nos hacen sentir. Con todo esto, creo que la cosa se complica cuando nos ponemos a juzgar.

Lo que nosotros sabemos y pensamos sobre nosotros mismos es muy importante. Lo que los demás nos dicen puede ayudarnos o desayudarnos, dependiendo de lo que nos digan y el objetivo con lo que nos lo digan.

Alguien, por ejemplo, puede estar repitiendo epítetos desagradables sobre ti y de tanto escucharlos puede llegar a creerlos. Por el contrario, puede que lleguen a ti personas aduladoras que por sacar algún beneficio te echen elogios y tú acabes por creerlos, siendo que son falsos.

 Al parecer siempre seremos vulnerables sobre lo que nos dicen, pero igualmente, lo que decimos puede causar el mismo daño del que podríamos estarnos quejando.

Nada más difícil que ser “humano”.  ¿Cuál será el mejor camino para llevar buenas y verdaderas relaciones interpersonales?

Algunas cosas que no deben faltar, desde mi mínima experiencia: El respeto por el otro, la sinceridad, la paciencia y misericordia; cuando dudes de alguien  inclinarse hacia lo bueno antes  que hacia lo malo (tampoco pecar de confiado). No dar las cosas por supuestas, si tienes inquietud, pregunta. Sobre todo, sé tú mismo.

Está bien escuchar el qué dirán, pero hemos de discernir esto que escuchamos. Es importante, muy importante lo que creamos de nosotros mismos, aunque no es conveniente mantener posturas muy herméticas. Somos seres en proceso, en relación, en crecimiento. Siempre podemos ser más y ser mejores que antes. Algunos podrán resaltar tus malos momentos o malas facetas, pero no eres únicamente eso. Otros conocerán tus mejores momentos. Sólo tú conocerás el punto medio, el equilibrio entre tus altos y tus bajos.  No viviremos todo el tiempo volcados hacia el qué dirán, tampoco podríamos estar encerrados en un ensimismamiento total. Si lo que dicen de nosotros es falso dejémoslo, si es verdadero escuchémoslo. Si es para hacernos sentir mal o hacernos sentir culpables o es cuestión de venganza o tiene una intención negativa, pues somos libres de obviarlo de nuestra vida. Si es algo bueno, verdadero, justo, necesario y es para nuestro bien, no está demás saber escuchar.

¿Qué opinas?

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