Preguntas: Cuando haces una pregunta, ¿estás dispuesto a contestarla?

En la poca experiencia que voy acumulando como bloguero, siento que he ido aprendiendo a preguntar, o mejor dicho, uso mucho las interrogaciones para dejar la temática abierta esperando que alguien conteste. Preguntar es un cuestión seria, pues nos compromete a escuchar la respuesta, y más aún, respetar la pregunta, respetar al sujeto que pregunta, respetar al sujeto que responde y respetar las respuestas que puedan salir de la dinámica dialéctica.

¿Has experimentado esa sensación cuando te preguntan sobre un tema para saber de otro? Cuando por ejemplo, te preguntan sobre tus ideas o sentimientos para descalificarlos sin dar espacio a aclarar, defender o reorientar lo que dices. Peor aún, eres juzgado por tus palabras y no por tus acciones. Te critican por lo que has dicho y no por lo que has hecho. De ahí que lo que decimos siempre tendrá primacía sobre lo que hacemos, pues al final, “el pez muere por la boca”.

En momentos siento lo contradictorio de la libertad: “En Internet puedes usar cualquier tipo de letra siempre que sea Arial 12”. Has escuchado algo así como: “Eres libre de ser como quieres siempre que te parezcas a mí”… A veces tocará hacer caso omiso a ese tipo de libertades, dar razón con hechos o con palabras de lo que sentimos y lo que pensamos. A veces hemos de tomar el riesgo de ser auténticamente una copia fiel de nosotros mismos y no como los otros quieren que seas.

Cuando alguien se te acerque con preguntas capciosas o mal intencionadas (como para hacerte quedar mal) pregúntale qué piensa de eso mismo, que responda la pregunta, es decir, antes de oír tu opinión que dé la suya. También tenemos derecho a guardar silencio. El que calla, calla; nunca callar ha sido otorgar. Esto no es para curarnos en  salud, sino para dialogar en realidad y no quedarnos en un monólogo egocéntrico y soberbio. Hay mucha gente por ahí que le gusta ser escuchada, pero no sabe escuchar.

Sócrates usaba un método que se le conoce como “mayéutica” que era la labor de las parteras, y se traduce como “ayudar a parir”; en lenguaje sencillo sería saber preguntar. Preguntar es un arte, no un poder inquisidor y mal intencionado. Una cosa es ayudar a parir ideas, otra muy distintas es monopolizar ideas y avasallar opiniones sencillas y libres.

Hace algunos años escuché de boca de una hermanita de una amiga: “Cuando alguien te hace una pregunta, posiblemente quiere que le preguntes lo mismo”… para establecer un diálogo. Creo que sería sano y justo no andar preguntando cosas que no quisiéramos contestar, más aún, que preguntemos y lo menos que nos interesa es saber la respuesta.

¿Alguna pregunta?

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