Los ingenuos amantes

Mi corazón manaba sangre,
herido de amor doliente estaba.
Habíale dicho: no lo hagas
pero terco se atrevió a amar.

Eligió mi corazón contra toda razón
un ser espléndido, divino, mujer. 
Eligió mi corazón su razón 
de vivir, de soñar, de querer. 

Ofrecióse  mi corazón todo entero 
a aquel ser; que le acogió. 
Fundiéronse las almas y los cuerpos 
y de la fuente de uno el otro bebió. 

Recuerdo que hacía frío y la luna 
llena estaba de luz y las sombras 
se confundían con los oscuros 
pasajes del valle. 

Los ojos fueron cómplices y culpables 
de aquel encuentro silencioso de los amantes. 
Los gemidos, los besos, los roces, el sudor 
todo en ardiente entrega de amor y pasión. 

Los amantes inexpertos temblorosos se besaban, 
suavemente la ropa de ella él quitaba 
y ella consintiendo dulcemente lo besaba 
y así ambos sin ropa, con rubor, desnudos quedaban. 

Estaban frente a frente, sin nada 
que estorbase y se contemplaban. 
Con un silencio cautivante de arriba abajo 
recorrieron los ojos llenos de pudor y deseo. 

Temieron acercarse y terminar, sin saberlo, 
como terminan los amantes de los cuerpos. 
¿Me amarás cuando ya no esté joven?- preguntó ella- 
¿me amarás después de hoy si te entrego lo que soy?
                                         - prosiguió-.

Te amo desde antes y después
de este día, aunque no sucediera,
que tú y yo seamos uno en el otro,
pues te amo y siempre te amaré- contestó él.

¿Me amas en verdad amor mío 
que esperarías por mí el tiempo
que fuese necesario? Y después
de ser ambos uno sólo ¿me amarías? 

Sí, te amaría, pues ahora te amo.
No temo otra cosa que perderte
y vivir sin ti no puedo
porque mi vida está en tus manos.

Se quedaron amantes abrazados
pensando en el mañana del amor más tierno.
Y vieron que amar no es sólo un juego,
y vieron que vivir y amar no es sólo un verso.

Se levantó ella de madrugada y se fue,
no con otro amante, sino con su miedo
de vivir  y amar como antiguamente,
y dejó a su amante desnudo en el suelo.

Y huyó la mujer más bella
de su único y verdadero amor.
Huyó, se fue tras la huella de otro ser,
pues buscaba alguna verdad, alguna certeza.

Se quedó solo el que amaba y esperaba.
Se quedó sin corazón y desnudo.
Se despertó y vio su soledad y su entrega
y vio que su costado la roja sangre vertía.

¿Por qué lo hiciste corazón?- se preguntaba-.
Te atreviste a amar y esperar, y te fuiste
en las manos de esa amante que no te supo amar.
Y ahora me deja sin ella, sin ti, sin mí…

Mi corazón manaba sangre
herido de amor y doliente,
habíale dicho: no lo hagas,
pero terco se atrevió a amar.

El frío me despertó,
abrí los ojos y supe que todo fue un sueño,
y estaba solo
pero aún  me dolía el pecho.

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