Otro modo de ser humano posible o el verdadero sentido de ser humano

Luchamos cada día por lograr algunos cambios en nuestros niveles de vida: por la salud, la educación, el bienestar… Muchas de las cosas que hacemos nos vienen desde el pensamiento imperativo de cambio, en el lenguaje actual usaríamos “confort”. Es el lenguaje del postmodernismo y la época actual. Y la pregunta que cierra las conversaciones sobre los límites es ¿por qué no?

Venimos desde el nacimiento con ansias  “de más”, de éxito, de superación: con la frase de “ser alguien en la vida”. Como si la inmensa mayoría pasáramos en el más absoluto anonimato y necesitamos salir de la informe masa de la multitud. Necesitamos  poder, prestigio y riqueza, como quien necesita respirar, comer y dormir; si no satisfacemos estas necesidades nos encontramos con las más grandes frustraciones de la vida.

Otros tantos se ubicamos en el otro lodo, procurando dejar las cosas como están, sin hacer muchos cambios, simplemente adaptándose para sobrevivir, sin quitar ni poner. No les interesa la fama, ni el poder, ni la riqueza… a saber por qué, pero sí existen. Andan por ahí en el mayor silencio posible sin llamar la atención. Pero a veces, esto se confunde con la mediocridad, con la dejadez y el descuido. Sabemos que este modo de ser nunca será, por lo menos en la época actual, un paradigma a seguir por las mayorías.

Te imaginas un mundo donde no se busque lo de arriba, sino lo de abajo, es decir, en vez del prestigio, poder y riqueza, todos busquen lo contrario, a saber, el anonimato, lo débil y la pobreza…

En un mundo así, no habrían competencias, ni fuertes, ni ricos, por consiguiente no habrían perdedores ni  débiles ni pobres…  pero esto es imposible… por lo menos así lo veo en nuestro tiempo.

Si consideramos el prestigio, el poder y la riqueza como las fuerzas que mueven el mundo, debe existir un motor que mueva esas fuerzas. No pensemos en lo que es, sino para quién es.  Y como respuesta tenemos que lo que buscamos es el prestigio, el poder y la riqueza para el “yo”, para uno mismo, es decir: lo que mueve el mundo es el egoísmo, la preocupación por el propio yo como “principio, medio y fin”.

Por tanto, si superamos el egoísmo o la “egolatría”, solo así podremos tener como fuerzas aquello del anonimato, lo débil y la pobreza, cuyo centro de gravedad o motor, estará marcado por el deseo del bien para el otro.

Ahora bien, consideremos los votos que prometemos los religiosos, a saber, pobreza, castidad y obediencia. Identifiquemos ahora el motor de estas fuerzas. Sin dudas no es el “yo”. Es más, es “Otro”. El Totalmente Otro. El mismo que pidió a sus seguidores  cargar con su propia cruz, así como no buscar los primeros puestos, servir a los demás, ser los últimos y dar la vida, entre otras cosas.

¿Cómo entender eso de “perder la vida” para salvarla? Es sin duda un lenguaje que nuestro tiempo no entiende. ¿Son acaso estas palabras la clave de una restauración  de la vida o el sentido de la vida para el ser humano y el orden en el mundo? ¿Es entonces la vida religiosa una verdadera alternativa para la salvación de la vida en el mundo, es decir: los valores de la alteridad, como preocupación y ocupación por el otro, la fuerza de la castidad como amor oblativo y ordenado, la fuerza de la obediencia como mayor acto de libertad, y la pobreza como desapropiación de lo pasajero,  son los valores y fuerzas que han de iluminar al ser humano en este siglo que  empieza.

Hace algunos años, en una reunión en la Universidad de la Paz, Costa Rica se hacía referencia a algo parecido: “Miramos a los franciscanos. Su espiritualidad puede salvar el futuro de la humanidad, pues ofrece el antídoto contra los tres males citados, a saber: la mística de la paz, la mística de la igualdad social, con la opción preferente por los pobres, y la mística de la frugalidad frente al consumismo. La aportación de los franciscanos al futuro es esencial”. Ver el texto en Costa Rica: Los franciscanos y la cultura de la paz.

De este modo, la Vida Religiosa y en particular la espiritualidad franciscana tienen aún mucho que dar al mundo. Mundo que está convulsionado por los males que hemos discutido.

Es hora de buscar lo de abajo, lo pequeño, lo sencillo. Teniendo a Jesús y su buena noticia como modelos y al Poverello de Asís como testigo de que “otra forma de ser humano es posible”.

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