El Sentido de la vida (Lo que quiero ser y lo que quiero hacer)

Meditando un poco sobre nuestra vida, me doy cuenta de que la mayor parte del tiempo pensamos en lo que queremos hacer, más que en lo que queremos ser aunque digamos: “yo quiero ser esto o esto otro”. Nos referimos a nuestras posibles profesiones: Médicos, maestros, bomberos, astronautas, viajeros, millonarios… en fin queremos hacer algo con lo cual nos estamos identificando ahora.

Pero a este nivel, ¿qué tan diferente es lo que quiero ser de lo que quiero hacer? Si existe diferencia entonces no es lo mismo ser médico que hacer cosas de médico. Si no existe diferencia entre ser y hacer, significa que ser médico y hacer cosas de médico son lo mismo. Parece un simple juego de palabras pero notemos algo. En la práctica es médico, no el que hace cosas de médico (curanderos, brujos, farmacéuticos de  pueblo…), sino que es médico el que obtiene el título de médico y participa de un colegio de médicos. De igual modo apagar un pequeño incendio no me hace bombero, a menos que a eso me dedique siempre. Entonces son dos las cosas que hacen la diferencia entre el ser y el hacer. La primera es la cualificación del ente por la palabra que lo nombra. La segunda es la temporalidad en que este ente ejerce dicha cualidad. Y surge inmediatamente la tercera: el espacio: soy médico en un lugar o espacio determinado y en un tiempo específico, con lo cual se puede decir: yo fui médico, yo fui maestro… mientras estuve en la ciudad trabajé como maestro.

Pero ser y hacer no son del todo distintos. Ser y Hacer, durante mucho tiempo he venido escuchando que no hay que buscar el “hacer” tachándolo de activismo y que se debe ir al “ser”. Pero eso del “ser” no es muy claro. Por otro lado, para no caer en la imposición teórica e idealista del “ser”, se habla también de la primacía de la praxis, es decir, del hacer. No pueden ir las palabras si el hecho. No podemos quedarnos en el discurso sin las obras. Tanto Ser como Hacer son importantes. Son como las dos cara de una moneda. 

¿Qué soy y qué hago? Se supone que hay respuestas distintas a estas preguntas. Ciertamente no somos lo que hacemos, ni lo que hacemos determina ni explica con exactitud lo que somos. Pero lo que no podemos negar es que si no hacemos las cosas que acompañan a nuestro ser, difícilmente podremos afirmar que somos lo que no hacemos. Por ejemplo: si digo ser médico y no curo a la gente (ni la atiendo…) no puedo ser médico. Si soy médico titulado, y no estoy ejerciendo, soy un médico en retiro, o suspendido o de vacaciones, o enfermo.

Esperando salir un poco de este tema tan confuso, pensemos en el futuro, en lo que queremos de nuestra vida. ¿Qué quiero ser? ¿Qué quiero hacer? Posiblemente queramos “ser nosotros mismos”, es decir, quiero ser yo mismo. Quiero ser mejor, más humano, más hermano, mejor hombre, o mejor mujer… En fin, pensamos en positivo sobre lo que queremos ser. Pero este querer ser implica ciertas acciones que determinarán lo que estaremos siendo. Por ejemplo: cómo sé que soy mejor, que soy más humano, más hermano, mejor hombre o mejor mujer… eso lo determinarán mis acciones, mis estados de ánimo, mis pensamientos, mis necesidades… en fin todo lo que me indica qué soy. Es decir: Soy un sinfín de posibilidades de ser. Soy un ser pluri-dimensional, complejo y misterioso. Hago las cosas que se me imponen como imperativos del ser. 

Entre las cosas más básicas de lo que somos está la categoría de ser: Seres vivos, animales racionales, seres humanos. Esto indica que tenemos ciertas funciones que nos indican este modo de ser: nacer, alimentarse, crecer, desarrollarse, reproducirse y morir, son de las cosas que compartimos en común con otros seres vivos y/o animales. Pero resulta que no somos como los animales, somos muy diferentes a ellos en cuanto al uso de la razón, del habla y de los símbolos que usamos. Pero no nos quedamos en esto. Tratamos de ir más allá del simple sobrevivir o vivir sobre la tierra. Tenemos ingenio, creamos, innovamos, destruimos, cuidamos, transformamos… en fin, modificamos nuestro ambiente según nuestras necesidades o caprichos. Nos preocupamos por el futuro, y las necesidades futuras (prevemos el futuro).

Ahora, con un poco más de confusión, cuando piense en el futuro, en mi Proyecto de Vida (El Sentido de mi vida) tendré más cuidado en ver qué es lo que quiero Ser y qué es lo que quiero hacer. Tal vez sea lo mismo, tal vez no. Lo importante está en que sepa distinguir uno de otro y que sepa que no los puedo desvincular nunca.

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