El Sentido de la Vida (UN PROYECTO DE VIDA)

Es interesante encontrarnos con personas que dicen desconocer lo que quieren ser en el futuro. Pues creo que nadie sabe lo que va a ser, pero todos, de cierto modo, hemos de tener alguna noción de lo que queremos ser en el futuro. Una especie de proyección o proyecto en el que la felicidad está en juego.

Una vida tranquila, placentera, serena, en paz, salud, dinero y amor… son cosas que están en el fondo del ser humano, de sus anhelos y sueños. No creo que nadie apunte a ser infeliz, triste, desgraciado… no, nadie quiere lo malo para sí, por ello lo más normal es buscar el bien. Pero ¿qué es el bien? ¿qué es el bien para mí? ¿cuántas personas están incluidas en mi proyecto de bien?

A veces ignoramos el sentido que está llevando nuestra vida. No sabemos a dónde vamos a terminar, si estamos en el camino correcto, si nos equivocamos, si en realidad corregimos los yerros, si vamos por buen camino… en fin, pocas veces nos preguntamos sobre el sentido de nuestra vida, y más aún, no nos interesa. Estamos en la era del momento, del “right now and right here”. Pero lo actual es un instante. La juventud es una pequeña etapa en la vida del hombre (muy importante por cierto) pero no es la más larga ni la más fructífera. Claro, sin menospreciar la dorada juventud, la edad adulta es más larga, y en la que se juega mucho de lo que se ha cosechado en las etapas anteriores. Por tanto, todo lo que hagamos en la juventud cuenta para el futuro.

El aquí y ahora son medios para ubicarnos espacio-temporalmente no para arriesgarlo todo de una sola. No podemos (o no deberíamos) definir el resto de nuestra vida por unos minutos de locura o placer o a saber que. De momento nos encontramos con lo que quisiéramos, con lo que debiéramos y con lo que nos toca. Tres caminos pero solo será posible aceptar una opción.

Lo que quisiéramos podría ser nuestra vocación y nuestro sueño, nuestros bienes, pequeños o grandes. Lo que debiéramos a veces está acompañado de lo que nos conviene, intereses económicos, prestigio, poder, o simplemente obedecer patrones familiares. Lo que nos toca responde a las circunstancias que las más de las veces son negativas y que no quisiéremos asumir pero ahí están. Y qué podemos hacer. A veces nos toca vivir lo que no queremos, dejar lo que queremos y hacer lo que nos conviene. Qué excelente sería que nos toque vivir lo que queremos y eso sea lo que nos conviene. Creo que nuestra vida no solo tendría sentido, sino que tendría cause y profundidad. Anchura y largura. Qué más se podría pedir, que el que cada uno sea el artífice de su propio destino. De construir el día a día con sus manos, asumiendo sus propios retos, viviendo sus propios sueños, luchando sus propias luchas, en definitiva, siendo feliz con lo que quiere. Amando lo que hace, haciendo lo que ama.

Pero eso no se consigue de un día para otro. No es un doble click en una carpeta, no es como reventar un globo, no es sacarse la lotería. Es el arduo trabajo de vivir sus propias convicciones, de vivir y defender sus  valores. De ir cada día más allá de sí mismos. Es volver a  levantarse y seguir luchando sin quedarse en el suelo. Es ser uno mismo cada día y estar feliz por ello.

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