La cosificación del hombre por el hombre

Muy a menudo nos encontramos con realidades altamente inhumanas. Ya nuestras relaciones son cada vez más débiles y nos dedicamos a “salvar el pellejo”  y sobre todo el nuestro. El mundo actual nos empuja al individualismo, al yoismo, al egocentrismo. Somos “yo y el mundo” otros dirán “yo y mi circunstancias”. Pero si no vencemos lo irracional del yo nos quedaremos en el yo sin compañía.

Ciertamente importa mucho el yo, pero se nos olvida la relación del tú y el yo. Cada vez más las personas vienen a importarnos menos si no nos dan algún provecho o están de acuerdo con nosotros. Hasta nos colocamos en un nivel ético al creer que son buenos los que están con nosotros y malos los que no. En fin, nos ponemos como último punto de referencia sin importar lo que los otros digan. Visto desde otro ángulo, podemos quedar ninguneados por cualquiera y nadie dice nada.

Así son las relaciones en la actualidad. Tenemos amigos en Facebook y amigos “por confirmar”, bloqueamos a los que aceptamos, aceptamos a los que queremos, queremos a los que nos caen bien, nos caen bien porque dicen sí a lo que decimos, dicen sí a lo que decimos porque creen que eso nos hace felices y al fin y al cabo solo creamos redes de mentira. Es decir, nuestras nuevas relaciones son virtuales, mediadas por cientos y cientos de megabits.

No nos olvidemos de las relaciones reales, es decir, las directas y no virtuales. Sabemos que elegimos a los amigos, sea por empatía sea por interés, pero algo tenemos en común. Pero qué de aquellas personas con las que nos relacionamos que no elegimos. Es decir, jefes, compañeros, vecinos, empleados… ¿qué tipo de relaciones sanas podríamos tener sin caer en el utilitarismo, en la hipocresía y otros defectos relacionales?

A decir verdad, sea con los amigos, sea con quien sea, las sanas relaciones se darán si a lo interior hay una sana relación consigo mismo. Quien no está bien consigo nunca estará bien con los demás. Podríamos pensar, entonces todo vuelve al yo, pero no. Decimos, el yo es importante, pero las relaciones del yo consigo mismo son otra cosa. El yo es relacional, sea ad intra o ad extra. Creo que nuestro pensamiento es dialéctico, manejamos una visión muchas veces dual de la persona, pero más que dual es polisemántica. Es decir, nuestro yo tiene muchas cosas que atender y por las cuales es. Por ejemplo, lo que pensamos, lo que comemos, lo que vemos, lo que oímos, lo que sentimos, lo que gustamos, lo que hacemos… nuestro yo está en constante actividad. Y una actividad importante es el estar consigo mismo. Si no me doy cuenta de lo importante que es estar conmigo mismo, tampoco me daré cuenta de lo importante que es que el otro esté bien consigo mismo, que se tome su tiempo, su espacio y su vida.

Caer en la cuenta de mi individualidad es tan importante como saber que el otro es totalmente otro y no una proyección de mí. Las personas no son nuestros tentáculo ni nuestros apps. Son personas como yo pero a la vez distintas. No son cosas, no somos cosas.

Somos seres tan complejos que ningún software ni ningún hardware es capaz de imitarnos. Ante tal complejidad, no queda más que estar admirados y respetuosos de ese Otro que está frente a mí. No puede ser que las cosas valgan más que las personas. Nada es comparable a la compañía de una persona por muy difícil que se presente la relación. No podemos ir dando “like” o “dislike” a la gente.

Urge una reinterpretación de las relaciones humanas. De volver al respeto y a la solidaridad con el otro. Que nos importen las personas, todas, pero sobre todo aquellas que están a mi lado, a mi prójimo (al más próximo) que muchas veces ignoro por dedicarle más tiempo a las cosas.

Para mí la cosificación puede tener un doble sentido, uno es que las personas son tratadas como cosas, útiles o no útiles. El otro sentido es que las cosas valen más que las personas, por lo tanto se trata de un desplazamiento en el orden de prioridad y valorativo de la persona frente a las cosas.

Para vencer esta dicotomía es necesario rescatar la subjetividad de la persona, su individualidad y su importancia  y dignidad. Al decir persona me refiero al Yo como sujeto y al Tú como sujeto. Es importante no perder de vista este aspecto de paridad y complementariedad e interdependencia del yo y el tú.

Es tiempo también de dejar a las cosas en su lugar, no hacer fetiches o diositos de lo que tenemos y/o hacemos. Las cosas son medios, las personas, no. Es hora de dejar atrás la cosificación del hombre y de la mujer por sus mismos pares. Incluso, podemos recordar aquí que Dios (ser supremo) se hizo hombre.  Podría haberse quedado en el lugar donde estaba y abandonarnos a nuestra suerte, pero le importamos y quiso compartir nuestra suerte. No nos consideró unas cosas, sino que nos amó hasta el extremo. Y si él que es Dios hizo eso por nosotros, por qué entre nosotros existen tantas cosas que nos alejan de nuestra dignidad y nos alienan…

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Una respuesta a La cosificación del hombre por el hombre

  1. jorge w. dijo:

    Es una realidad que la padecemos y seguimos a la manada muchas veces. El ser humano es el unico animal que tropieza varias veces con la misma piedra.alguien dijo. El hombre nace sano y la sociedad lo enferma

    Me gusta

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