Elecciones y lecciones: el camino de la verdadera democracia.

Hace algunos días se celebraron las llamadas “elecciones nacionales” en Guatemala y en Nicaragua. Unos celebran, otros lloran, otros pelean y otros no sabemos qué hacer.  La situación en Guatemala  era casi de esperar: la sociedad quiere seguridad y se le da seguridad (aquí cuenta ofrecer (aunque sea en palabras) lo que la gente quiere… con tal de llegar a la presidencia). Hay mucho que aprender y esperar en estos cuatro años. Esperemos que el grito: Guatemala Nunca Más! no quede en el olvido.

El caso de Nicaragua es muy particular: una reelección cuestionada por muchos, una oposición dividida, pueblo pobre y asistido… son muchos los factores a revisar que no bastarían un par de líneas para aclararlo, pero tratemos de hacer el esfuerzo por reconocer a los votantes, a los votados y aprender algo de este proceso.

Participar en una elección no significa que tengo que ganar, y que yo no gane no significa que el proceso fue de suyo “fraudulento”.  (Vamos a suponer que todo dicho oficialmente es verdad, es decir que no hay fraude, lo que dice el CSE).

Alguien tiene que ganar, y según lo acordado hace algunos años entre sandinistas y liberales, se logra con más del 35%… ups, Ortega ganó en el 2006 con el 38%. Quien se oponga a su gane del 2006 tiene que oponerse a este pacto de finales de los 90’s, y no solo eso, sino a todo lo que esté viciado por dicho pacto.

Al inicio de su gobierno se generaron muchas expectativas, me llamó la atención aquella de la reducción de salarios, cosa no vista en los gobiernos liberales.

Muchos critican los programas como hambre cero en Nicaragua y la Bolsa solidaria en Guatemala. Se habla de que es asistencialismo y comprar el voto de los pobres. Pero muchos reconocen que asistir al hambriento es lo mínimo que se puede hacer, y quién mejor que el encargado de redistribuir la riqueza: o sea el gobierno. Quienes critican estos programas seguramente están gordos y no les falta la comida y van al cine de vez en cuando, usan celulares de última generación y leen los periódicos hechos por los empresarios y no han leído informes sobre estos programas en otros países: por ejemplo en Brasil, de donde se han tomado.  Y los pobres, sin lugar a  dudas, viven mejor que hace algunos años.

Se quiera o no, estos programas ayudan a la gente, sobre todo a la gente más pobre. Nicaragua no está muy bien ubicada en cuanto a riqueza, es decir, está en el segundo o tercer lugar como país más pobre de América Latina. Este no es un tema que nos alegre, pero sirva el dato para ubicarnos y saber que más del 50% de los votantes son pobres y que muchos de ellos reciben algún beneficio de los programas del gobierno. En pocas palabras: los pobres que nos la mayoría pueden poner o quitar a un presidente.

Nicaragua es revolucionaria, y que no se olvide. Que sea revolucionaria no significa que sea sandinista. En la época de la dictadura de Somoza los nicaragüenses juntos quitaron la chigüín del gobierno, todos juntos. Y 10 años después, en medio de un hastío por la guerra (patrocinada por los USA. Recordar aquí el informe Irán-Contras) los nicaragüenses votaron contra el gobierno sandinista y ganó la UNO (Unión Nacional Opositora). Aunque con tristeza, me imagino yo, Daniel y compañía tuvieron que aceptar la derrota. Esa fue otra revolución.

Se inició la era de las “democracias liberales”, y el gobernar “desde abajo” de Daniel Ortega. Por si no se han dado cuenta, desde las primeras elecciones post dictaduras  (84, 90, 96, 01, 06, 11) Daniel ha estado en todas las boletas. Es el personaje político más conocido en los últimos 27 años. Al alcanzar el 60% (asumiendo que es real) me viene a la mente el mar de gente que gritó: Viva Nicaragua Libre el 19 de Julio de 1979. Era el tiempo del cambio. Esa vez no fue el 60%, fue mucho más. O sea, sí es posible aunar esfuerzos hacer que la cosa cambie. Y éste es un dado importante.

Denle oportunidad de gobernar. Eso decían muchos al escusar a Daniel por las dificultades de la época de la revolución en los 80. No es lo mismo gobernar en guerra que en paz. Oportunidad que tuvo, y bien que mal, como dicen algunos, esos “5 años de campaña” le sirvieron para conquistar un 24% más del electorado, posiblemente el electorado joven (que no conoció la guerra de los 80’s), electorado pobre, electorado consciente de la objetividad de apoya los más desfavorecidos… no hemos de obviar la posibilidad de los votos razonados.

Y la oposición ¿qué papel ha jugado? Ciertamente los liberales (todos juntos) o están de acuerdo con lo que ha venido haciendo o no tienen nada que hacer y no han hecho nada… o  a saber… Se creían poseedores del 62% en contra del gobierno “de los pobres”, criticando y no apoyando en donde tienen que apoyar. Ser opositor no significa que siempre se tiene que llevar la contraria al oficialismo, significa a mi parecer, hacer el contrapeso necesario para mantener el equilibrio. Esa tensión que garantizará que no hayan extremos es vital en la vida democrática: si se quiere vivir la democracia.

Considero que las críticas de los opositores al gobierno “de los pobres” no están bien orientadas y pierden muchas fuerzas por las contradicciones internas. Eso no ayuda ni a tener una verdadera oposición por la falta de unidad, ni ayuda al gobierno, ya que careciendo de una oposición seria va por donde quiere, sin límites ni obstáculos. Obviamente, distinto es que siendo buenas las propuestas y proyectos del ejecutivo, los diputados en pleno, lo mejor que pueden hacer es apoyar dichas mociones.

Ciertamente los problemas de las presentes elecciones yacen en que las instituciones no son autónomas, pues están repartidas entre los sandinistas y los liberales. No se puede esperar neutralidad ni imparcialidad si desde el momento de la elección de los mismos, cada quién debe llevar una banderita… cosa inaudible si se quiere imparcialidad… tanto el CSE y la CSJ ya no son imparciales y no lo serán hasta que cese ese modo de “elección” de magistrados.

Pero ¿qué pasa si se están recuperando aquellos sueños de revolución de principios de los años 80’s? Tal vez no sea una certeza pero es una posibilidad. Posibilidad que se vio truncada por los intereses mezquinos de los Americans, que promovieron la guerra fratricida. ¿Qué pasa si se le da oportunidad a la gente de hacer lo que soñaba en los 8O’s sin Somoza? Esta posibilidad no se puede negar, ya que aquella época tuvo como compañero de viaje al “Moustro de la Guerra”, hoy es diferente y espero que “nunca más ruja el cañón” ni que el “suelo se tiña con  la sangre de los hermanos”…

Ya está dicho, Daniel ganó las elecciones, lo dijo el CSE, el cuarto poder del estado. El no reconocer las elecciones traería muchos problemas que pondrían más discordia y división en el país. Reconocerlas sin más, es casi como darle la bendición a eso que sea lo que sea que hicieron. Hemos de ser críticos pero no tontos.

El problema, a mi parecer, no es tanto la posibilidad de reelegir al presidente (como sucede en los Estados Unidos, los “custodios” de la democracia)  como el que las elecciones no sean transparentes. Si hubo fraude, no solo habría que repetir las elecciones, sino que  se habrían de buscar los medios más eficaces para que no hayan más fraudes. Ciertamente los inconvenientes y las muchas anomalías han causado preocupación, pero no creo que un grito de guerra y el buscar armas y el fomentar la discordia sea el remedio.

Un problema bastante grave en el país es que no hay muchas opciones políticas, es decir, ¿a quién ponemos para que reúna en torno a sí a todos o por lo menos a una mayoría considerable (más del 35%)? ¿Cómo independizar de los partidos políticos a la CSJ y al CSE? ¿cómo recuperar la credibilidad de las instituciones nacionales?

Ortega es conocido como “El hombre”, el hombre que puede llevar a Nicaragua a un futuro mejor. ¿Cómo podríamos contrarrestar esta visión? No podemos negar que algo se está haciendo por los pobres de un  país muy pobre. No podemos ir criticando y criticando sin proponer alternativas. No creo que Ortega y compañía sea el problema. El problema está en la falta de disposición a asumir las responsabilidades a nivel social y personal.  (Aunque se habla también de que hay un control de la mayoría de los medios informativos y que no hay libertad de expresión, etc…). Se le puede acusar al presidente de todo lo que se quiera y lo que se nos venga a la mente, pero mientras no hayan propuestas mejores que beneficien a más gente a la que él está beneficiando, y no haya una propuesta política creíble, única y verdadera… no se podrá hacer nada. Y no es que me interese quitar o poner alguien en la presidencia, lo que preocupa es la carencia de un proyecto de nación en el que participen todos, consciente y responsablemente…

¿Cómo hacer un proyecto de nación incluyente?… ¿Qué vamos a hacer? ¿qué se puede hacer? ¿qué se nos está permitido hacer? ¿qué nos conviene hacer?…

Si conoces la respuesta a alguna de estas preguntas, por favor dala a conocer.

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