Más allá de Marx (De Marx a la Escuela de Frankfurt)

A lo largo de la historia humana, nos encontramos con diferentes momentos que han marcado la vida y la historia misma de los  hombres. Acontecimientos que no vinieron del cielo, sino que fueron gestados por hombres y mujeres en lugares concretos. Desde el inicio de la historia, de lo que sabemos de la historia, la humanidad ha pasado por momentos dialécticos y, superando las contradicciones, ha encontrado siempre una que otra especie de síntesis para seguir construyendo la historia. Quiero referirme ahora  a la visión evolucionista de Karl Marx.

Partamos del comunismo primitivo, en donde no existía la propiedad privada y todos procuraban el bien común. No había fronteras ni documentos. Ni banderas ni nada que hiciera la división política que hoy conocemos. Pero, resulta que a alguien se le ocurrió en un momento determinado decir “esto es mío” y todo lo que hay en él también.  Empezó la esclavitud. Tal vez no fue así, pero valga el comentario para ilustrar. Nos topamos con la época en que los dueños tienen que negociar con los que viven dentro de sus tierras, ya no son esclavos, pero son siervos del señor feudal, entramos en el feudalismo. Algunos cientos de años después, surge la burguesía, y con ella el capital. Lo importante ya no es la tierra, sino el dinero, y entre más dinero, mejor. Entramos en la era del capitalismo, era que llegó a ser determinante en la historia (y sigue marcando el presente y empeñando el futuro). Pero para Marx, no todo queda ahí, para él, existe un punto superior en este proceso evolutivo. Es el comunismo moderno. Sin clases sociales (o sea, sin pobreza, es decir, sin pobres ni ricos). Donde prima el bien común y los intereses de la nación. Nación regida por un gobierno, casi al modo de lo que pensaba Platón, gobernada por filósofos. Pero esta última etapa no conoció la luz. Quedó en los libros, pues los proyectos comunistas que conoció el mundo, no fueron sino la sombra de lo que soñaba Marx.

Bonito, ¿no? Pero para nuestros amigos de la escuela de Frankfurt, hay que agregar otros elementos a este escueto y simplista análisis. Hay que tomar en cuenta las particularidades culturales de cada pueblo, pues no se puede aplicar la teoría marxista así por así. Si bien lo económico rige (más hoy que antes) la vida de los pueblos, no podemos por ello decir que sea éste el único motor de la cultura. Las relaciones que se dan entre lo cultural y lo económico son más complejos que lo que una visión mecanicista de la economía nos pudiera decir. Lo que mueve las sociedades es más que la economía, es una red de relaciones, desde las más simples a las más complejas. Tanto así que cuando hablamos de “Realidad” queremos decir “todo” pero este “Todo” al fin y al cabo es tan inalcanzable que queda en nada.

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