Ser revolucionario como actitud política propositiva.

En la época en que vivimos, las revoluciones suenan a historias épicas, los gobiernos auto llamados revolucionarios con discursos gastados y anacrónicos, los jóvenes “rebeldes sin causas”… en fin, una variedad de posturas a veces contrarias a partir de un mismo hecho.

Si consideramos un hecho puntual como lo es una revolución, con día, fecha y hora, siempre habrá un antes y un después. Dada la particularidad de la llamada revolución, y entendiendo esta como un “cambio violento o lento” de la organización de un país o cualquier otra institución, no podemos hablar de revolución si se mantienen las mismas estructuras que antes se atacaron.

En primer lugar se debería hablar de un cambio de estructuras. Suponiendo que las establecidas eran obsoletas y beneficiaban a una minoría en detrimento de la inmensa mayoría. Cambio en las leyes o constitución. Cambio en los gobernantes… en fin, un cambio total. Eso es lo que a mi parecer buscaría una revolución. Está bien, cambiamos lo pasado y establecemos un nuevo orden social y organizacional. Pero, con la nueva organización no podemos seguir repitiendo los patrones negativos que antes se atacaban.

Surge la pregunta  necesaria: ¿Cómo ha de ser un gobierno revolucionario? Esto, porque a decir verdad, no podemos estar revolucionando cada día, ni cada año, tampoco cada cinco años.  Esto significaría una especie de ingobernabilidad o sencillamente, no habría la experiencia necesaria para juzgar las acciones, no habría el tiempo suficiente para afirmar o negar el bien o el mal de dicho gobierno.

Por tanto, no creo que pueda haber un gobierno revolucionario sin que se establezcan estructuras necesarias para el funcionamiento y buen manejo del estado.  Si la revolución es cambio, no podemos estar siempre cambiando, a menos que consideremos como cambio el ir de lo malo a lo bueno y de lo bueno a lo mejor, de lo contrario no tiene sentido el cambio.

Considero que el factor necesario para el cambio de lo bueno a lo mejor es la capacidad reflexiva y auto crítica del propio actuar.  Es esta variable la que a mi parecer garantizará una actitud revolucionaria como política propositiva. Quien no reflexiona y no se auto crítica, y que además no de deja criticar  y no acepta consejos y está abierto a otros puntos de vista, ya no es revolucionario. Será otro dictador más, gobernante irreflexivo y hasta irracional.

Ser revolucionario no es sólo escuchar música testimonial y vestir camisas del “Che”, y ser admirador de las figuras destacadas de la izquierda latinoamericana… todo eso queda en nada si mantenemos actitudes de irreflexión, autoritarismo y falta de compromiso social.

Ser revolucionario no es pertenecer a un partido político determinado, que está bien la participación comprometida, pero a mi parecer, ser revolucionario ha de ser una actitud que nazca del corazón, solidarizándose con las causas de los más desfavorecidos, criticando y proponiendo, trabajando y reflexionando… en fin, comprometidos con la realidad y sobre todo con aquellas cosas que consideramos están mal.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Noticias y política y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s