¿Para qué estudiar filosofía?

Después de 5 (cinco) semestres de estar estudiando Filosofía y antes de terminar el Profesorado en Filosofía, creo que no está de más  preguntarme acerca de los motivos por los cuales alguien, o mejor dicho, los motivos por los que  cualquier persona debe o debería estudiar Filosofía.

Desde mi poco entender, puedo decir que hay varias posturas filosóficas. Tradiciones y escuelas, Filósofos y filosofías, complementos y contrarios… en fin, un sinnúmero de temas relacionados con el quehacer filosófico que al final de tanto penar y reflexionar las cosas más complicadas y a veces inimaginables… nos quedamos tal cual o más enredados.

Cuando escuchamos la palabra “Filosofía” se nos viene a la mente la gran interrogante ¿y qué es eso? ¿para qué sirve? ¿dónde se compra? … y para quién tiene que responder no es nada fácil. También la gente se pregunta si un “filósofo” gana bastante, o si puede hacerse rico.

Los filósofos más populares en realidad no lo son tanto, pues son pocas las personas que los entienden. Tienen decenas de libros que pocos compran, además que son caros. Tratan temas que a pocos les interesan. Pero hacen todo eso  y más, con la idea o intención de que es importante.  Se maneja entre ellos que la Filosofía es  muy importante.  Todas las demás ciencias serán necesarias, pero ninguna tan importante como la Filosofía (en el sentido de Filosofía Primera o Metafísica).

Puede uno acercarse al estudio de la Filosofía por curiosidad o porque ni modo. Eso le exige su vocación (hablando de los sacerdotes). Pero son pocas las razones que un joven “común y corriente”  se animaría al estudio de esta ciencia. Si se nos permite llamarla así. En fin, sin querer alargar el asunto, quiero aproximarme a intentar responder ¿por qué estudiar filosofía?

Primero, hemos de reconocer que en el principio de esta disciplina, yace un conjunto de inquietudes que algunos hombres intentaron responder. Inquietudes que tal vez nosotros consideremos innecesarias o superadas. Pero veamos las preguntas:

¿Qué es eso? ¿Qué es el mundo? ¿Qué es la vida? ¿Por qué existe la vida? ¿De qué están hechas todas las cosas? ¿Cuál es el principio de todo? ¿Por qué las cosas se mueven? ¿Por qué vivimos? ¿Qué es la muerte? ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Qué es el hombre? ¿Quién es Dios? ¿Para qué Dios? ¿Qué puedo conocer? ¿Qué es conocer?  ¿Qué es el SER? ¿Por qué el SER y no la NADA?… y así, a lo largo de 28 siglos estas y otras preguntas van  y vienen una y otra vez; y siempre con cosas nuevas.

Parece ser que la constante no es DAR RESPUESTAS,  sino HACER PREGUNTAS.

Uno de los Filósofos más grandes de la Historia de la Filosofía es sin duda Sócrates (470 – 399 a. C.). Su método era sencillo y complicado a la vez. Con preguntas incisivas, se dirigía a sus oyentes y de ellos salían respuestas que luego él las convertía en preguntas… y así, hasta dejar claras unas cuantas cosas pero siempre con la pregunta abierta. A este método se le conoce como mayéutica (ayudar a parir) ideas. Por tanto, un primer momento en la filosofía será el saber hacer preguntas.

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