El lenguaje de la muerte

Es una gran pena que nuestro mundo vaya de mal en peor. Mataron a Osama -dicen- y la alegría desborda. ¿Cuántas vidas ha costado este hombre?  ¿Cuántos millones de dólares? Casi diez años después del atentado del 9/11. Después de matar también a Hussein, que “escondía armas de destrucción masiva” -y que nunca encontraron. Después de occidentalizar medio oriente, la nueva frontera de los GI-Joe.

Y ese fue solo el principio. Luego siguen las manipulaciones sobre el resto de países: Egipto, Túnez, Libia, Siria, Yemen… Después que no querían sacar a Gadaffi del poder, ahora también quieren matarlo. Y lo harán si no pasa algo extraordinario. Mataron a un hijo y se alegran. Qué pena la ONU, da asco la OTAN. ¿Quién dice que los medios pacíficos están agotados? ¿A quién se le ocurre patrocinar una guerra fratricida de desgaste con el nombre de “guerra civil”? Nadie ganará esa guerra, todos los libios perderán. A Gadaffi, muerto lo quieren ahora, no lo dejarán ganar la dichosa guerra. La oposición, si ganan, quedarán endeudados con los aliados y demás que les ayudaron con su “liberación”. Se convertirán en el patio trasero y lleno de petróleo de Italia, Francia, Estados Unidos y CIA. Ltda.

Es irónico que estrenemos el siglo XXI con guerras. No bastaron las dos guerras mundiales, las armas de destrucción masivas gringas (Bombas atómicas usadas en Japón), la Guerra Fría. Ha sido el peor siglo de la humanidad, si es que todavía somos seres humanos y no máquinas de aniquilación humana.  Iniciamos con el pie izquierdo, yendo para atrás.

Se ha alborotado el avispero en Medio Oriente, y no sabemos en qué va a terminar. La pobreza y la falta de salud tienen embargados nuestro futuro. Hay desarrollo solo para unos pocos. Estamos destruyendo el mundo con contaminación, radiactividad,   deforestación, derrames de petróleo, extinción de especies… calentamiento global, fabricación de armas pequeñas y grandes (que tienen que salir al mercado para reactivar la economía), abortos, penas de muerte, guerras tontas y otras no tanto.

¿Puede un ser humano alegrarse por la muerte de otro? No por su muerte, sino porque ya no hará daño a otros, podrán responder algunos. Pero ¿que hay detrás de aquel asesino, qué lo lleva a matar, quién le enseñó? Nuestro mundo y nuestra realidad tienen una estructura que crea por medio de la injusticia, pobreza. Por medio de la política sucia, enemigos. Por medio de la economía liberada, desigualdad… y así un montón de cosas que terminan en odios y violencia.

Son la avaricia, la soberbia y la envidia los principales motores de destrucción de nuestro mundo. Terminan dividiendo naciones, ecosistemas y en fin, la vida. Es triste que iniciemos el tercer milenio como si no hubiésemos conocido nada de la historia.  ¿Dónde la Filosofía, dónde el Cristianismo? Parece que no hemos aprendido la lección.

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