A Anna Santos (Dulcinea)

No entiendo lo que ha pasado 
y el tiempo pasa la cuenta.
¿Cómo puede uno fallecer si es amado?
No entiendo y te sigo buscando, 
¿dónde estás amiga?, ¿dónde?...

Qué pena la mía no haberme enterado.
Tarde de lloré, pero siempre estarás a mi lado.
Recuerdo el poco tiempo que pasamos juntos,
tus palabras, tus misterios, tus regalos,  mis recuerdos.

Algún día nos veremos.
Recuerdo aquella primera vez
que nos vimos, me saludaste,
y la última en que nos encontramos,
y no te despediste,
son dos momentos de especial sentido.

Y quién lo hubiera dicho, y quién lo hubiera esperado,
el tiempo ha pasado,
y por la dureza de la vida la muerte nos ha llegado.

Sorprendente fue el encontrarme,
con tan mala noticia  y quedarme
con la voz quebrada y el alma
como quién pierde el camino y el aliento y el sentido...

¿Cómo puede la vida dejar de ser?
y no nos acostumbramos...
pero ¿cómo puede la juventud dejar de existir
sin dejar el más hondo vacío en el espíritu humano?

No alcanzo a comprender
el increíble suceso de tu muerte.
No sé cuándo volveré a verte,
si nos vemos... espero encontrarte
con aquella sonrisa dispuesta
y con la alegría de la vida despierta.

Donde quiera que estés, saluda
al Quijote y Sancho, y a tantos
que seguramente gozan de lo que hoy nosotros
simplemente lloramos.
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