Dos meses de sangre. De que te vas, te vas (O el clamor de un pueblo que sueña con la paz).

Las falacias socialistas y cristianas de unos capitalistas y brujos

El híbrido cóctel gubernamental del totalitarismo Ortega-Murillo deja a los politólogos en la grave dificultad de no poder nombrar y ubicar en los parámetros acostumbrados a este desgobierno. Implementar medidas neoliberales y proclamarse de izquierda, llamarse cristiamos y coquetear con el comunismo, en el discurso son contra imperialistas y en la práctica son socios comerciales, son amigos de los gringos y los soviéticos, son populistas y capitalistas, son católicos y evangélicos, son democráticos pero en realidad no tienen una oposición real en la asamblea nacional ( parlamento). En este sentido son de todo y no son nada. Están más cerca de la nada que de algo.

Ellos sólo están en favor de ellos mismos. Sumisos ante quien les ayuda, opresores contra quienes les critican. Buscan ante todo sacar ganancias políticas y económicas en todo cuanto hacen. Se llaman a sí mismos socialistas, pero son empresarios, y el Consejo Superior de la Empresa Privada es parte de su consorte. Se auto proclaman cristianos y son conocidas sus prácticas esotéricas.

Daniel aparece como el semi dios y la primera dama como su profetiza. Apuestan por el totalitarismo y afirman la democracia. Monopolizaron los medios de comunicación y censuraron a los que piensan diferente o simplemente son imparciales.

Lo único que queda claro es que hacen y harán todo lo que esté a su alcance para quedarse en el poder. Tienen un ejército fuertemente armado, una policía servil, y grupos parapoliciales armados. Tienen todo lo necesario para sembrar el terror. Lo hacen y lo seguirán haciendo.

El despertar de un pueblo dormido: después de la posmodernidad

La modernidad dejó un hastío político y social que llevó a muchos al posmodernismo. No por estar después del modernismo, sino como contrario a aquel.

Este posmodernismo se caracterizaba por una especie de adormecimiento o acostumbramiento a lo establecido. Las luchas sociales y políticas se dejaron en manos de unos pocos. Creció la indiferencia, la indolencia, el egoísmo y la búsqueda del sueño americano. Alcanzar la propia felicidad a cualquier costo, nos fue heredando sociedades indolentes. Mientras algunos dominaron todos los ámbitos de la política, la economía y la sociedad, la inmensa masa informe seguía ciegamente su sueño por la felicidad personal.

Como resultado, muchos se dedicaron a estudiar, a trabajar, a prosperar. Otros, agradecidos con los politico-saurios, llevaron una política de bajo perfil. Dejando que la clase política oligárquica gobernara desde arriba y desde abajo con la cleptocracia. Derecha e Izquierda se alternan casi indistintamente.

Sin embargo, después de este adormecimiento, esa masa informe y sin caudillos despertó. Abrió los ojos después del olor de la sangre derramada. Gestos de solidaridad y ternura fueron uniendo a muchas ovejas, pero sin pastor.

El terror y la saña fueron el motor para descubrir que el socialismo y cristianismo eran falsos. Ni cristianos, ni socialistas, ni solidarios.

La masa informe fue despertando a sangre y plomo. Uno a uno empezaron a caer, los niños y jóvenes que alzaron la voz. La estadística del terror refleja el terrorismo de estado, el Estado del Terror.

Pero ya ha despertado el gigante que estaba dormido. Ya no son solo estudiantes, ya no solo los ancianitos del INSS. Ahora son las madres, padres, hermanos, hijos. Son los sencillos ciudadanos unidos en un sólo clamor: Eran estudiantes, no eran delincuentes, eran solo unos pequeños niños.

El clamor de los minúsculos se ha extendido. De la ciudad al campo, de sur a norte, de occidente a oriente. Por todos lados se levantaron los tranques del amor. Por amor a una Nicaragua verdaderamente libre, por una verdadera paz. En los albergues y barricadas se oye un clamor por la justicia y la paz.

Caen los manifestantes heridos en cabeza y pecho por una bala sin alma, disparadas por los perros de Ortega. Mueren los desarmados, asesinados por los desalmados sicarios, embajadores del mal.

Un parto difícil: la no violencia activa, un grito por la justicia y la paz

Después de más de doscientos muertos, el pueblo sigue apostando por la paz. A sangre fría los matan. Sin asco, sin pena, sin corazón ni humanidad. Confian en el Dios de la justicia, confian que el mundo atenderá. Confían en que la no-violencia es el camino que nos llevará a la verdadera paz. Los sentimientos que cargamos son la indignación y la impotencia frente a los asesinos sin corazón.

El régimen bien armado ha mandado a asesinar a niños, jóvenes, adultos y ancianos, para “su patria” recuperar.

Que no se va, gritó el canalla, sediento de sangre, con hambre voraz. Aquí me quedo, de aquí no me voy. Y mientras el cínico se atrinchera en El Carmen sus perros salen a masacrar: Masaya, León, Jinotepe, Jinotega, Masatepe, Monimbó.

Con pecho desnudo luchan los artesanos de la paz. Por escudo una bandera, por arma una honda y su consigna, libertad.

Es la idea del tirano como a plagas exterminar al pueblo que se ha levantado, al pueblo que exige la paz.

Primero verdad y justicia. Luego vendrá la paz. No responder mal con mal, ni odio con odio. No somos iguales. Ustedes son asesinos, nosotros no somos criminales. Ustedes ponen las armas, nosotros los muertos ponemos. Qué es lo que no entiendes, qué es lo que no vez.

Ya la gente no te quiere. Vete, no nos jodas más. Deja que empecemos de nuevo, deja que volvamos a soñar. Te confiamos varios períodos, y con plomo quieres detener la rebelión. No somos iguales. Ustedes son los asesinos y nosotros embajadores de paz.

Un futuro incierto, la esperanza y nada será igual

No sabemos qué será de esta nuestra Nicaragua. No sabemos cómo va a terminar. El pueblo clama “vete”.

Caos y confusión imperan en las calles de mi nación. Han armado a los vagos, que no tienen valores, ni piscas de educación. Un estado fallido hereda el tirano, un país en ruinas entregará. Por no reconocer sus yerros, por no creer en la paz.

Él solo fue un guerrillero. Un poco de muerte, un poco de instrucción militar, unos cuantos discursos, una gran propanganda y la mentira final.

Nunca fue un buen gobierno el que a su gente mandó a matar. Igual o peor que Somoza se comportó el que siempre mentaba la paz.

La esperanza nace de un pueblo que pacíficamente salió a manifestar sus inconformidades contra el sistema actual. Ya no son guerrilleros, son estudiantes los que alzan la voz. No traen armas, solo un teléfono para la transmisión.

Gobernados por un bachiller guerrillero, comandante de algún comando, director de alguna acción. Así estuvimos muchos años. Para algunos fue lo mejor.

Ahora es tiempo de superar el militarismo. Es tiempo de dejar los anquilosados discursos y trabajar por la paz.

Ya diste lo que tenías, ya no das más. Pues solo sangre y plomo esconden tus ansias de reinar.

Dejarás el país en manos de civiles, de civilizados, de estudiantes, de universitarios, de profesionales, de gente pensante. Será gente tolerante que evita las armas, gente que cree en la paz.

No te quedarás, ya nada será igual. Has despertado un gigante. La justicia llegará. Ya no creeremos tus discursos cargados de mentiras, de socialismo, de cristianismo y de cualquier vulgaridad. Ya el pueblo te conoce. Y la historia no repetirá.

El único episodio repetido es la salida y huida del tirano. Y sin repetir tus mismos errores constuiremos la nueva Nicaragua libre, impondremos la justicia, trabajaremos por la paz.

Levanta tu mano, hermano. El fin se acerca. Caerán los que pisotearon nuestra bandera. De las Justicia del cielo no escaparán.

Es el principio del fin. Pronto la luz del día brillará, nos miraremos frente a frente, nos abrazaremos sin miedo, porque ya no reina la muerte, porque viviremos en paz.

La paz esté contigo.

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Abrí los ojos y descubrí su maldad. Soy Nicaragua.

Ya que las cosas están así de feas y no sabemos cuándo nos matarán, es bueno que las cosas queden claras.

Soy de una generación que nació en tiempos de la revolución. En medio de la guerra, con precariedad, con racionamientos en las comidas. Pero con muchos sueños. Nuestros padres, los míos y seguramente los tuyos, de una u otra forma creyeron en el proyecto político que marcó la generación de los 70. Una generación que se sacrificó para que sus hijos, o sea, nosotros, no naciéramos, ni viviéramos, ni muriéramos bajo la opresión y la represión del dictador dinástico llamado Anastasio Somoza.

Los 80’s fueron una década muy dura. La sangre de hermanos corrió de norte a sur, de este a oeste. El pueblo puso los muertos que la Guerra fría quería. No bastó la sangre de jóvenes que se levantaron contra el dictador, sino que se obligó a miles de jóvenes más a ser militares (SMP). Los llamados cachorros de Sandino salieron a matar a sus hermanos nicaragüenses que también mataban nicaragüenses. Unos contra los Yanquis otros contra los comunistas. Y todas las madres lloraban igual.

Sin embargo, el sueño revolucionario y el TODO SERÁ MEJOR lograron mantener la ilusión. Se aguantó hambre y frío, se intentó construir la patria que soñaron los abuelos. Los gringos con el caso Irán-Contras, el pájaro negro, el bloqueo nos decían que estábamos en el camino correcto. Que ellos (imperialistas) no nos dejan vivir en paz.

Las madres y padres cansados de tanto luto y llanto votaron contra el Servicio Militar. Se hicieron acuerdos por alcanzar la paz. Y quedaba en el corazón de los creyentes en la revolución, aquel sin sabor del fracaso. Las elecciones del 90 fueron un balde de agua fría para todos los que soñaban la Nicaragua de Sandino.

Desde aquel día en que Daniel dijo que iba a gobernar DESDE ABAJO, se fue fraguando silenciosamente un culto a la persona de Daniel. Una especie de semidiós y la Chayo su profeta-sacerdotisa.

Era el presidente frustrado, al que no dejaron gobernar. Al que no le dieron oportunidad. Pero para otros era simplemente el asesino que nos mandó a matar.

Crecimos en los 90’s creyendo que él sí sabía. Que era el hombre, casi el mesías. Perdió en el 90, en el 96, en el 2001. Y su fama crecía y la expectativa de una Nicaragua sandinista también. Comprobamos que los liberales gobernaban sólo para ellos. El neoliberalismo, la corrupción, la burguesía… Desde abajo, todo se veía mal, sólo Daniel se miraba bien.

Casi de milagro (por no decir que por el pacto y alguno que otro fraude) el Daniel mesiánico se alza con el poder, con aquel irrisorio 38%. La división entre los corruptos fue aprovechada por los astutos.

La magia, los ideales, la revolución del 79 volvía a hacer soñar a nuestros padres y abuelos. Fue una celebración épica. La esperanza renació. Con los dólares de Chávez la cosa fue agarrando forma.

Pero empezaron los años de adoctrinamiento. Una vez en el poder, nos empezaron a lavar el cerebro.

Compraron conciencias y voluntades con migajas. Se apoderaron poco a poco de los canales de televisión. Crearon y multiplicaron las empresas familiares. Los petrodólares los ubicaron en un buen puesto. El COSEP se casó con el Estado. Se promovió la inversión extranjera, los proyectos con el asocio público-privado. Todo era de las mil maravillas.

Y qué decir del culto a la imagen de nuestro mesías-presidente. EL HOMBRE ESTÁ TRABAJANDO. Carreteras, parques, iglesias, empresas, hospitales, el Estadio, la decoración esotérica de la Chayo… Eso es lo que se ve.

Por otro lado el indiferentismo político, el dedicarme a lo mío porque el presidente no me da de comer, sumado al clientelismo y la compra de votos, conciencias y voluntades fue creando un coctel político y social sin precedentes. Es mayo de 2018 y estamos pagando las consecuencias de nuestro indiferentismo político y social acumulado en los últimos 28 años.

Por un lado la imagen idealizada de un hombre al que hay que agradecer y rendirle tributos porque hace su trabajo. Todo está bonito. Aquí se vive bien. Todo lo hace bien.
Por otro lado la indiferencia de muchos que se ocuparon de SUS COSAS. Que toleraron la injusticia y la represión. Callaron y dudaron cuando los compañeros de Daniel criticaron y alertaron de lo que pasaba y de lo que podía pasar y está pasando.

Y así llegamos a la gota que derramó el vaso.

Gracias a los gritos y sangre derramada de nuestros jóvenes héroes y mártires de abril es que ese se sacudió un poco y despertó los sueños e ideales que se habían dormido. Fue un despertar de la conciencia.

Se cayeron las vendas y nos estamos enterando de la verdad y de la crueldad sanguinaria que se esconde detrás de esos monólogos absurdos que mezclan un lenguaje cristiano, la imagenería católica, el esoterismo y la extravagancia.

Mientras nos contentamos con migajas bonitas y luminosas ellos se estaban enriqueciendo. Silenciosamente ocuparon la silla del derrocado dictador. Al parecer lo están superando en todo. En riquezas, en poder, en maldad, en inhumanidad, en muerte y saña.

Pero eso no es lo que me entristece. Es de esperar que el poder te ciegue. Que te conviertas en aquello que decías odiar.

Viví la época de los liberales: privatización y neoliberalismo, corrupción y despilfarro. Me queda claro es que la CORRUPCIÓN de los liberales.

Estamos seguros que este gobierno es corrupto, que roba, sin embargo ha hecho muchas cosas buenas. Te imaginas SI NO ROBARAN…

Pero lo que sí me tiene indignado, decepcionado y triste es que habiendo matado a tanta gente, habiendo censurado, habiendo mentido, habiendo torturado y herido. Todavía hagan caso omiso de lo que pasa. No aceptan la verdad.

Les creí, esperé, confié, los defendí. Discutía con amigos por ellos. Porque creía en los ideales de Sandino. Una patria libre del intervencionismo, una patria para todos, una patria donde el bien común fuera prioridad. Donde se atendiera a los más pobres con dignidad.

Pero NO PUEDO TOLERAR EL ASESINATO. HA SIDO UNA MASACRE.

No se puede estar de acuerdo con un gobierno asesino. No se puede tolerar a un gobierno que minimiza la muerte de inocentes y se burla del dolor de las madres. No se puede aguantar a unos políticos con discursos pseudo religiosos y manipuladores, que compran la inocencia del pueblo con migajas de solidaridad y se hacen llamar así mismos cristianos, socialistas y solidarios. No puedo creer que no se den cuenta que Nicaragua y el mundo saben acerca de todos sus crímenes.

Pero hay gente que aún les cree.

No los culpo. Pues sé que están engañados. No es que le crean a Ortega. Simplemente siguen creyendo en el ideal de Sandino y de la revolución. Siguen creyendo que Daniel es inocente de lo que pasó en los 80’s. Siguen creyendo que es el mesías presidente que tiene en sus manos la verdad, el bien y la justicia. O simplemente no quieren perder el plato de comida que les dan a cambio de sangre de hermanos entregar.

No los culpo porque les compraron la conciencia con alguna migaja, cuando era un deber de justicia. No te culpo porque te dieron un trabajo digno que te roba la libertad de conciencia y de expresión. No te culpo porque los liberales no hicieron nada por tu barrio. No te culpo porque yo tampoco quiero vivir siempre pobre y quiero un futuro mejor. No te culpo porque te acostumbraron a recibir sin trabajar, a aprobar sin estudiar, a no esforzarte por ser mejor.
No te culpo porque durante 39 años has creído en Daniel. No te culpo porque en las últimas 7 elecciones presidenciales gritaste su nombre. No te culpo porque le tienes mucha fe, incluso más que a Dios. No, no es tu culpa. Porque por muchos años te han dado de comer. NO TE CULPO QUE LOS QUIERAS MÁS A ELLOS QUE A MÍ, QUE SOY TU HIJO.

Es culpa nuestra.

Es nuestra culpa. Es mi culpa.

Nuestra indiferencia política y social dejaron que llegara al poder.
Nuestra fe en la revolución nos cerró los ojos y no vimos su maldad.
Nuestro afán de cada día no nos permitió saber lo peligroso que era entregar tanto poder a un solo hombre, a una sola mujer.

Y como es nuestra culpa y yo no te culpo.
Tira ahora del gatillo y conviértete en asesino igual que él.
Aquí está mi pecho desnudo…

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Una historia de desamor en Nicaragua

Érase una vez una joven e inocente doncella, tierna, radiante y bella. En sus años de juventud quedó cautiva de amor por un noble guerrero.

Víctima del encierro de terror, durante más de 40 lunas quedó sometida. Sobre una torre hermosa, con ventanas de vidrio, con almohadas de algodón. Encerrada por el satírico progenitor. Aquí estarás bien -le gritaba-. Esa era su repetida canción de vida y libertad.

En las montañas y llanuras el amargo llanto se oía. Ella no conocía otra cosa que el rostro de su padre y su enorme habitación. No conocía los montes, ni las veredas, ni los parques, ni la libertad de expresión. No sabía de hospitales, ni de alfabetización.

Supo este joven guerrero de la tristeza mortal de aquella doncella. No la pensó dos veces, y empezó. La idea primera era, separarla del yugo opresor de su padre, y luego, llevarla a conocer los caminos del canto, de la poesía, de la fantasía y del amor.

Empezó la lucha por la liberación. Era cuesta arriba, sin esperanza pero con valor. Diecinueve lunas pasaron hasta que el padre desapareció. Y el joven guerrero a su doncella liberó.

Las primeras lunas de miel se tornaron. Todo era alegría, todo era de color. Pero los amigos del padre no toleraron ese amor. La acosaban día y noche, pero la chica nunca dudó. Hasta que un día, once lunas después, cansada de tanto pleito, de su casa escapó.

17 lunas pasó fugitiva entre cantares de esperanza y libertad. Aunque vivía como indigente, dormía en paz.

Un día, cansada de tanta calle, con su amado se encontró. Ella estaba más flaca, entonces él le preguntó: ¿Cómo te va mi amor?

Se derrumbaron los viejos temores y como en miel se tornó aquella relación.

La casa pequeña por un castillo cambió. Como la miraba insegura muchas torres construyó, muchos soldados, muchos jinetes y todo para su protección.

El amor en costumbre fue mutando, las mismas palabras, las mismas caras, no había ya encanto. Ahora todo era luto y dolor. Y se consolaba a sí misma: qué bonito este castillo, aquí se vive bonito, aquí se vive mejor. Cuánto soldado para mi libertad y mi protección.

Muchos bufones tenía, circo y pan, cervezas y ron. Aveces lloraba en silencio, y a veces no. Ya pasaron once lunas desde la última reconciliación.

Una mañana de primavera un ruido extraño escuchó la doncella. Era un grito que decía “respirar no puedo”. Se asomó por la ventana pero era translúcido el color. Nada veía, las voces no distinguía. Algo pasaba. Caminar no podía. Gritar no podía. Pero no pasaba nada. Es que estaba dormida. Era sólo una pesadilla.

Despertando violentamente del mal sueño, de un golpe se dio cuenta de que era nuevamente cautiva. Le dijo a su amado “a la calle ir yo quiero. Y sentir el sol, oler el campo, dejar el moho de este castillo blanco. Quiero sentir la brisa y ver los atardeceres, quiero sentir las caricias y el susurro de otros seres”.

-No saldrás en modo alguno, que los fantasmas de tu padre aún te buscan. Hay peligro en las calles, hay bulla, hay tranques en las ciudades. Aquí te quedarás, que para eso te hice un hogar seguro- gritó el que en otro tiempo se declaró buen amante.

Gritó la niña bella hacia la azul inmensidad, y miró una clara estrella que apuntaba a la libertad. Cállate! – fue el grito mezquino- cállate y no llores más.

Mira lo que te he hecho, sólo para ti. Un gran canal que atravieza el país. Desde aquí puedes verlo. Compré para ti bufones y lacayos, artesanos y maestros, que te enseñen la doctrina y otros que te den sustento.

Valora lo que tienes -continuó el violento-. Estás mejor aquí que en la vieja casa de tu padre. Mira que hemos crecido, el Señor nos ha bendecido. Juntos tenemos más victorias, ya nada nos falta, estamos en la gloria.

Pero como la bella niña ante el tirano no calló, un par de golpes en la cara recibió. La ató de pies y manos el guerrero manipulador. Sus lamentos se oyen, suben al cielo, y en los libros y álbunes se guardan sus recuerdos.

Está presa nuevamente la niña, yo no del amor del padre, sino un amor que asesina. Su amado guerrero ya no es noble, ya no es valiente. De su boca salen sólo palabras hirientes. Lo que una vez fue sabroso y dulce en amargura se tornó, y es veneno silencioso, el que mata, el que encubre, el que pinta de rojinegro color.

De una torre familiar a otra peor fue a parar. Y sus lamentos y llantos a los oídos del pueblo fueron a sonar.

Poco a poco se unen las voces que claman por su libertad. Pero el esposo violento, no se la dejará arrebatar. Esta mujer es mía, y si no es mía de nadie será. Ella quiere y sueña con una verdadera liberdad. El pueblo grita: ¡libérala, déjala vivir en paz! Pero el maloso que antes era el amante la tiene amenazada de muerte, a ella y a cualquier contrincante.

Nicaragua se llama la doncella que liberada de Anastasio vivió. Hoy es víctima de otro asesino, que dijo “Todo será mejor”.

Esto no será un nuevo femicidio, sino un triste genocidio pues Nicaragua es mi pueblo, y yace cautiva de un tirano abusador.

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Mi pecho desnudo

"Aquí está mi pecho desnudo
para tus balas opresivas. 
Te doy mi vida, llévatela, si quieres"
-gritó el joven que llorar más no pudo-.

"Aquí están mis manos abiertas
para darte mis uñas quebradizas,
arráncalas, llévatelas, tíralas"
-le gritó un joven al genocida-.

"Aquí están mis brazos cansados,
de cargar hermanos muertos y heridos, 
para tus esposas y grilletes, 
para mi tortura y mi muerte".

"Aquí está mi cabello desteñido
para que me rapes y me humilles, 
para que se engrandezca tu ego
al agredir al desvalido".

"Aquí está mi ojo color cielo
para tu bala asesina. 
Ya no veré tu rostro enagenado 
de ira, de rabia y desconsuelo". 

"Aquí están mis pies heridos y ensangrentados
que de andar y venir están fatigados. 
Por buscar la libertad, el perdón y el alivio
para un pueblo que se ha despertado".

"Aquí está mi rostro joven e inocente
para tu bofetada hiriente, 
para tu crueldad sanguinaria
para la historia y para siempre".

"Aquí están mi vida y mis sueños
de construir una patria hermosa y para todos. 
No era yo tu enemigo y tú no eras mi dueño. 

Ahora corre, 
vete, 
que se ha despertado
el gigante que estaba dormido". 

"Aquí está mi pecho desnudo
para tus balas homicidas.
Ya no podrás matarme, genocida,
ya no muero,  no me hieres.
Porque ya no soy minúsculo, 
porque ahora soy GIGANTE
porque ahora vivo en mi gente"
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